OPINIÓN
Lourdes Di Natale murió el 1 de marzo de 2003, luego de caer desde un piso 10, en el domicilio que habitaba junto a su hija, ubicado en calle Mansilla de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Por Christian Sanz
Desde un primer momento, se instaló en los medios la versión de que había sido un accidente, ocurrido luego de que la mujer intentó cortar un cable desde el lavadero de su vivienda.
Se trató de un rumor interesado, motorizado por aquellos que se beneficiaron por su desaparición. Uno de ellos, un personaje aún hoy gravitante: el otrora ministro de Justicia Mariano Cúneo Libarona.
No es menor el hecho de que este último fue pareja de Di Natale durante varios años y es padre de su hija. Tampoco son “moco de pavo” las denuncias que venía haciendo la mujer a nivel mediático.
Señalamientos que dejaron expuesto al gobierno de Carlos Menem en su totalidad. Referidos, no sólo a hechos de corrupción, sino también a situaciones de enorme gravedad, como el atentado a la AMIA.
De ahí deviene la relevancia de este libro, a la cual se suma una cuestión personal: fui uno de los periodistas a los cuales Di Natale le confió sus temores pocos días antes de morir.
En tal contexto, tengo un mérito que me enorgullece: fui el primero en poner en duda el presunto accidente que acabó con su vida.
Lo hice pocas horas después de la muerte de Di Natale, en el portal que dirigo desde 2003, Tribuna de Periodistas. Gracias a una serie de notas periodísticas publicadas allí, fui llamado a declarar y aporté el elemento fundamental para que se dejara la hipótesis del accidente de lado.
Conté en aquellos días con la colaboración de un gran colega, Jorge Urien Berri, de diario La Nación. Un periodista intachable, íntegro, con quien hicimos un gran equipo allá lejos y hace tiempo.
Quien supo reconocer mi labor fue otro experimentado periodista, Néstor Espósito, quien trabajaba en un libro similar al presente y falleció en 2024 antes de poder publicarlo. Lo que llegó a escribir puede encontrarse en internet.
En su obra, el colega advierte: “Christian Sanz apareció aportando datos e hipótesis, algunos de los cuales terminaron resultando de utilidad para las investigaciones”.
De paso, recordó la charla que tuve con Di Natale poco antes de que esta muriera: “Si me llega a pasar algo, guardo una carpeta naranja que está en una escribanía y donde hay mucho más que lo que conté públicamente”, me dijo la mujer.
Como sea, el expediente judicial que investiga lo ocurrido con Lourdes se encuentra totalmente paralizado hasta el día de hoy, luego de que la Corte Suprema ordenara desarchivarlo. En concreto, está paralizado en la Sala Tercera de la Cámara Federal de Casación Penal.
El primer juez que tuvo aquella causa fue Ricardo Farías quien lo cerró rápidamente y lo caratuló como accidente. Poco después, la Cámara del Crimen logró que el caso se reabriera y el caso cayó en manos de la jueza Fabiana Palmaghini, quien hizo lugar a una serie de medidas, una de las cuales fue la reconstrucción del hecho con un muñeco de similar peso y talla a Di Natale y que fue tirado al vacio cayendo casi exactamente igual que como había quedado el cuerpo de Di Natale. Quedó de manifiesto que dos personas la habían agarrado de manos y piernas y la lanzaron al vacío.
Sin embargo, el paso del tiempo y la pérdida de elementos de prueba hicieron que la jueza volviera a cerrar la causa. Ello fue revertido por la Corte en 2015.
A pesar de la decisión judicial, nada se avanzó desde entonces, aún cuando hay elementos -dentro y fuera del expediente- que permitirían esclarecer el hecho con relativa sencillez.
Es menester, no sólo por la familia de Di Natale, sino también por la valentía que mostró la mujer a la hora de denunciar al menemismo. Ello obliga a contestar varias preguntas, principalmente tres: ¿Quiénes mataron a Di Natale? ¿Por qué? ¿Cómo lo hicieron?
Esos interrogantes, y muchos otros, son respondidos en esta obra, con detalles que dejarán helado a más de uno.
Es que, no sólo he accedido al expediente judicial, sino que también hablé con las principales fuentes de información relacionadas al caso, una de las cuales -un policía Federal- me dio la primera pista: Di Natale fue paralizada con una droga llamada succinilcolina, justo antes de ser arrojada a la calle.
Se lo dije al fiscal Carlos Donoso Castex el día que declaré, en el año 2005, y ello me provocó un gran dolor de cabeza: el funcionario judicial intentó forzarme durante horas para que revelara quién había sido mi fuente. No lo hice jamás.
Ello me demostró que detrás de la muerte de Di Natale había un poder muy grande, que no sólo tenía gravitación en la Argentina, sino que avanzaba allende las fronteras del país.
Algunos de esos nombres los escribió la propia Di Natale en un malogrado papel poco antes de ser asesinada. Gente vinculada a la política, asociada a narcotraficantes y terroristas. Verdaderos pesos pesados.
Sin más, dejo en manos de los lectores una investigación que me llevó dos décadas de cotejo e indagación exhaustiva. Espero que la sepan valorar.
Tribuna de Periodistas
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