OPINIÓN
La forma en que, en estas horas, la Casa Rosada dibuja un triste futuro para la Justicia, desplazando a jueces probos para reemplazarlos por cuestionables candidatos, seleccionados para pagar o recibir favores en los tribunales y en la política, preocupa a propios y ajenos
Por Enrique Guillermo Avogadro
“En un país donde la pobreza y el analfabetismo eran endémicos, las prisas por cambiar en
un par de años lo que habría tardado el tiempo de una generación, resultaban mortales”.
Arturo Pérez-Reverte
El cuadro en el que va pintándose la realidad argentina sigue recibiendo, de la mano del Gobierno, gruesos brochazos que impiden percibir las buenísimas noticias que aporta una economía que, si bien se mueve en dos velocidades, ya muestra señales de una fuerte recuperación y que, en breve, comenzará a derramar generalizadamente sus beneficios. La forma en que, en estas horas, la Casa Rosada dibuja un triste futuro para la Justicia, desplazando a jueces probos para reemplazarlos por cuestionables candidatos, seleccionados para pagar o recibir favores en los tribunales y en la política, preocupa a propios y ajenos.
De todas maneras, hay que reconocer que alguno de los magistrados actuales, como aquéllos que llevan adelante el juicio en la causa “Cuadernos”, parecen justificar la pésima opinión que, injustamente generalizada, tiene la sociedad de su Poder Judicial. Los integrantes del Tribunal Oral Federal que permitieron el repugnante acoso – un interrogatorio ininterrumpido de trece horas – precisamente a Diego Cabot, el periodista cuya impecable investigación desnudó la monumental corrupción en la obra pública durante los mandatos kirchneristas, cuando la principal imputada declaró sólo 35 minutos, nos habla del comportamiento dual que siguen practicando muchos de los inquilinos del edificio de Comodoro Py; para percibir esas otras dos velocidades, basta observar la impunidad que beneficia a Sergio Aceitoso Massa, tan involucrado en la sideral estafa de las SIRA, que permitían a sus amigos comprar dólares oficiales y transformarlos en blue con una ganancia que llegaba al 300%, y vinculado a tantos otros delitos graves.
En otro sector del gran lienzo, otros brochazos se suceden sin solución de continuidad. Claramente, el affaire Adorni se lleva las palmas por lo inexplicable de su desarrollo. Con la hipocresía que nos caracteriza – el haber convertido a los militares vencedores de la guerrilla en chivos expiatorios de una culpa social es uno de sus peores rasgos – fingimos desconocer que, con los míseros sueldos “en blanco” que paga el Estado a sus funcionarios, resulta imposible conseguir que profesionales que ganan mucho en la actividad privada se dediquen a administrarlo y que, por ello, desde tiempo inmemorial se utilizan recursos “en negro” – los que aportan la ex SIDE y el PNUD son sólo ejemplos – para mejorar esos magros emolumentos.
Esto viene a cuento porque, a mi parecer y dado lo exiguo – en lógica comparación con las increíbles desmesuras kirchneristas – de los montos de las inexplicadas veleidades inmobiliarias y turísticas del Jefe de Gabinete, éste sólo habría cometido la torpeza - ¡una más! – de exhibir públicamente el salario real que recibe, algo similar a lo que, en su momento menemista, hizo María Julia Alsogaray y que la llevó a la cárcel. Aunque, de todas maneras, tampoco se entiende por qué Javier Milei sigue actuando como fusible de su ministro y pagando por ello tan carísimo costo político.
Otra parte del cuadro en el que se ven esas oscuras nubes que ocultan una realidad mejor a la que todos suponíamos, se cifra en los desalmados y virulentos ataques a los periodistas cuando éstos ponen el ojo sobre información que debería ser de acceso público, como manda la Constitución. El derrumbe sufrido por la Argentina en los rankings que miden la libertad de prensa en el mundo, nos ha llevado al triste núcleo que, en América, integran Nayib Bukele (El Salvador), desde la derecha, y los asesinos Miguel Díaz-Canel (Cuba) y Daniel Ortega (Nicaragua), desde la falsa izquierda; ni siquiera su admirado Donald Trump profiere tantos insultos y, a diferencia de Milei, concede permanentes entrevistas a sus opugnadores.
Hablando de Trump, que también pinta con brocha gorda y pese a que no debería dada su irrefrenable vocación por los negocios de su familia, su actitud frente a Venezuela sigue llamando la atención. Pese a que han pasado muchos meses desde la captura de Nicolás Maduro y la subsecuente asunción de la Presidencia por su segunda, Delcy Rodríguez, no sólo la represión continúa sino que, todavía mucho más grave, tampoco aparece en el horizonte la convocatoria a elecciones nacionales, tal como manda la propia Constitución chavista. A esta altura de los acontecimientos, es obvio que la exitosa movida que sacó del tablero al encarcelado “rey” sólo tenía por objetivo capturar el petróleo venezolano por los EEUU, en una partida de ajedrez global en que éstos quieren transformarse en los dueños de la energía del mundo.
Habrá que ver, y la reunión en Beijing entre el magnate y Xi Jinping de la semana próxima será un fantástico termómetro, si China está dispuesta a abandonar su milenaria actitud pacifista para enfrentar a EEUU militarmente por el estrecho de Ormuz o si, por el contrario, opta por dividir pacíficamente también ese territorio virtual entre sus respectivas esferas de influencia y, sobre todo, ejercer un control compartido sobre la inteligencia artificial. Japón, Nueva Zelanda, Filipinas, Corea del Sur y hasta Vietnam esperan con inquietud esa respuesta, sobre todo Taiwan, ya asediada por la pretensión de Trump de trasladar a su país la industria de los semiconductores, ya que podría implicar el fin de su democracia y hasta de su independencia.
Tampoco está de parabienes Vladimir Putin, que se enfrenta a una gravísima crisis económica interna por los costos que ha tenido su “operación especial” en Ucrania, un terreno en el que también se encuentra empantanado: no sólo las tropas de Volodimir Zelensky han conseguido frenar por completo su pretendida ofensiva de primavera sino que su contendiente se ha transformado en uno de los principales actores en esta nueva forma de guerra asimétrica, ya que sus drones de bajo precio y probada eficacia le están reportando grandes ganancias, y la liberación de los fondos embargados por presión del ex Primer Ministro húngaro, Viktor Orban, impulsa su economía.
egavogadro.blogspot

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