OPINIÓN / Córdoba, 5 mayo 2026
Para la IA, un "cosito" es un término coloquial utilizado para referirse a un objeto pequeño cuyo nombre se desconoce, se olvida o no se quiere mencionar
La empleamos como una palabra comodín para señalar elementos concretos, frecuentes en ferreterías o al describir partes pequeñas de un aparato. También se usa para referirse a personas de forma despectiva o familiar.
Según el Diccionario argentino para palabras, modismos y más cosas, se utiliza "cosito" cuando no te acordás (o no sabés) el nombre del objeto, persona o palabra en cuestión.
Caminando por la ciudad de Córdoba, recordé que había una ferretería que se llama "Cosas y Cositos", y más abajo en el cartel, los dueños del local despejaban toda duda con otra frase, "tenemos el pendorcho que busca". Extraño Córdoba.
Nos dice la periodista peruana Martha Hildebrandt, en el Diario El Comercio, que según el oficial Diccionario de americanismos (2010) el masculino cosito se aplica entre nosotros al hombre dominado por su esposa o compañera sentimental. Véase un ejemplo de la página web del diario Perú 21: "Don Isaac responsabilizó a Nadine por apelativo de cosito" (26/2/2014). Ayer visité un restaurante peruano, el Carabamba. Volvamos al tema, es decir que para nosotros los muchachos, llamar a alguien «cosito» o «cosita» es ambiguo, pero su carga depende totalmente del contexto, el tono, y la confianza entre las personas.
Llamar a alguien de "cosito" puede ser cariñoso o familiar, ponele, ya que usamos esta palabra para mostrar afecto, cercanía o ternura, especialmente entre parejas o hacia niños. Y aquí me pongo de ejemplo: supe escribir una nota hace dos o tres años, a la que titulé; Es la felicidad, cositos. Me dirigía cariñosamente a todas las criaturitas salvajes que forman parte de nuestro paisaje, que van ocupando espacio en nuestro hábitat y parece que nunca fueron domesticadas, o sea, nuestros pibitos. Lo escribí por un Día del Niño, casualmente. Algunas damas comentaron con un corazoncito.
Pero para serles sincero, normalmente y con mucho placer, lo hago en forma despectiva.
Porque estamos rodeados de cosos, y ya no quiero gastar mis pocas neuronas en nombrarlos.
Si tuviese que ingresar a la ferretería "Cosas y Cositos", buscando algo parecido a personas inanimadas, que no se les cae una sola idea, que copian y pegan, no saben lo que expresan, malversan fondos, no rinden cuentas, engrupen, etc. El ferretero me diría. ¡Ah, un político!
Un amigo que se ofreció a llevarme por todos los lugares donde debía hacer trámites, entregar documentación, buscar resultados, hacer alguna que otra compra y esas cosas cotidianas, conducía su automóvil protestando por la gran cantidad de vehículos que circulan en las calles. Entonces le digo:
—Mirá Juan, veo que estás mirando el árbol y no le prestás atención al bosque. Este "quilombo" está planificado. Primero, los cosos te achicaron las calles porque en sus sueños húmedos veían que para la gente, era lindo ver pasar en fila india a los autos y a paso de hombre sin tener un puto lugar para estacionar. Entonces la gente camina, se encuentran viejos amores, los "langas" salen de cacería, las minas se hacen las "fifí", los comercios no venden un carajo. Segundo: los cosos le quitan el piso a las empresas de colectivos y les dicen por aquí vos no pasás. El "as" del volante del servicio público de pasajeros, tiene que por esa "irrazonable razón", diagramar los servicios de tal forma que su recorrido no supere los 21 kilómetros. Tercero: Ya nadie quiere usar al transporte público para venir hasta el centro, porque imaginate Juan, te bajás en Humberto 1° para comprar un perfume Lancôme, tenés que caminar hasta el shopping, ¿cuántas cuadras caminaste para que te desvirguen la tarjeta en seis cuotas? Cuarto: el plan maquiavélico incluye que apretados pero no ahorcados, los empresarios bajen la regularidad y por ende, la frecuencia del servicio. Aducirán ante los periodistas pauteros que la culpa la tiene Milei, pero tampoco hacen nada para lograr clientes, pasajeros, vamos a decir. Quinto: los cosos, han patentado en todo el país desde el mes de enero a esta parte, 53 mil motos. Hay empresarios del rubro motos, que como estrategia de ventas, te regalan la primera multa. Y por último el punto Sexto: los cosos son unos pillos, mientras que desde el Transporte Público, los empresarios se lastiman las rodillas pidiendo algunos subsidios para cumplir con la concesión, la gente común, trabajadora, vecina, amigas y coso, abren resignados el garage, sacan el auto, se aseguran de llevar los pibitos a la escuela, a la doña la dejan en el supermercado y ellos pasan para sus laburos. Ahí es donde gana el plan maquiavélico. Fijate y recordá todos los puntos. Con los autos en las calles, todos amontonados y al borde de un choquecito, ellos ganan guita. El plan es perfecto porque los argentinos, Juan, estamos pagando impuestos por cargar nafta y gasoil, y van desde el 46% al 56% del valor total en el surtidor. O sea que los cosos son unos pillos. Más de la mitad de lo que vos estás pagando en combustible para tu Fiat, son impuestos y tasas.
—¿Sabés una cosa negro? —Me dice mi amigo mientras esperamos que abra el semáforo—. Sos el mismo de siempre, no cambiaste nada cul...
—¿Pero entendiste que todo está planificado? ¿Que estamos rodeados de cositos verseros y que hay payasitos que se prestan para decirte que sueñan con un mundo mejor para nosotros?
—Si, si, perfectamente —me dice, mientras baja la ventanilla para dedicarle un poema erótico a la madre del conductor que se cambió de carril sin poner guiños—.
"Tenho saudades desta cidade..." (lo pienso). Pero no lo digo. O si lo dije, porque tuve que decirle a mi amigo que estaba pensando en un coso que tiene menos iniciativa que un güiro en la orquesta sinfónica, y encima es alto funcionario, que nos saludó a los escasos laburantes que somos en mi pueblo para decirnos que "reconoce el esfuerzo de nuestro compromiso diario, para construir una ciudad más justa, inclusiva y con oportunidades para todos".
—¡Nó! ¿Eso dijo? No te puedo creer ... —Lanza una carcajada mi amigo—. ¡Me muero!
—Acá está, mirá el celular. Personalmente no conozco a nadie que se esfuerce por eso, mucho menos los funcionarios, ni ningún ciudadano común, lo poco que se hace allá es para parar la olla, ni siquiera él hace algo. ¿Ves cuando te digo que los cositos nos están rodeando?
—Volvete pa' acá mi negro —me dice mi amigo Juan, y agrega—, o poneles música.

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