¿QUIÉN LE TEME A KETTY GARAT?

OPINIÓN

Cómo una periodista española destapó la trama de prostitución que hoy tiene cercado a Pedro Sánchez, sin saber que estaba siendo usada para tapar algo peor

Por Osvaldo Bazán

Siendo absolutamente sincero, debo decir que escribo este newsletter de hoy porque me gustó el título.

¿Quién le teme a Ketty Garat?

Si viese algo así en las redes, enseguida me zambulliría a leerlo porque no aguantaría la ansiedad de saber quién es la tal Ketty Garat, que con ese nombre ya tiene media popularidad adquirida.

Pensé el nombre del newsletter antes del newsletter, pero conociendo como conozco a Ketty Garat (spoiler: no la conozco), supe rápidamente que había un tema, que era interesante, que podía desarrollarse con bastante profundidad incluso para el público argentino que no tiene idea de quién es Ketty y sabe bastante poco de por qué y cómo Ketty se convirtió en WonderKetty.

Pues bien, voy a tratar de explicar quién es Ketty, que a esta altura ya se ha ganado tu cariño, querido lector, y lo bien que hacés porque Ketty es sumamente querible.

Claro, no para todos.

Por eso hay que ver quién le teme.

Y los que le temen son gente a la vez con mucho poder y muy despreciables.

Hace cuatro años y medio, Ketty, periodista española, comenzó una investigación en un medio digital nuevo, The Objective. Nunca había hecho periodismo de investigación, se dedicaba al periodismo parlamentario y hacía décadas que seguía de cerca al Partido Socialista Obrero Español, el PSOE, cuando todavía era sinónimo de socialdemocracia. Allí tenía sus fuentes, sus conocidos, sus amigos.

Por esa cercanía, fue escuchando rumores cada vez más insistentes.

Prostitutas.

El primer dato era: prostitutas.

Todo lleno de prostitutas.

En julio de 2021, José Luis Ábalos, ministro de Transporte y secretario de Organización del PSOE (el N° 3 del partido), había sido relevado de sus cargos por “El 1”, el Pedrosánche. Sólo quedaba en pie su título de diputado.

Nadie sabía bien qué razones había para que cayera en desgracia, porque además Ábalos era íntimo amigo del Pedrosánche. Las familias eran amigas, todo era muy raro.

Ketty se puso a investigar y todas sus fuentes fueron explícitas: José Luis Ábalos era un putañero de pies a cabeza. Sí, el 3 del partido que proponía abolir la prostitución, el que hizo un video de prensa anunciando “Soy feminista porque soy socialista”, se enfiestaba de lo lindo, un día sí y otro también. Eso sí, ecuménico: tanto rumanas como brasileras, andaluzas y hasta Miss Asturias 2017.

Así empezó la investigación de Ketty.

Cierto enchastre moral, pero en principio nada delictivo.

Se entera Ketty entonces de que en plena pandemia, en mayo de 2021, el picarón de Ábalos protagonizó una orgía en un parador oficial.

(Apartado para contar qué es un parador oficial: hay unos 100 en España, son hoteles de lujo dentro de castillos o edificios históricos y pertenecen al gobierno, combinan historia, turismo de calidad y gastronomía regional. Sigo).

Cocaína, prostitutas, destrozos en edificios históricos: todo eso había ocurrido tanto en la habitación 210 del Parador de Sigüenza en mayo de 2021 como en el Parador de Teruel en noviembre de 2020.

Ya todos en el Gobierno intuían que Ketty estaba investigando el asunto, pero no sabían qué datos tenía.

Cuando Ketty interpela a Óscar López —que había sido director de Paradores en la época de las orgías, pero que había escalado rápidamente (¿quizás como premio por haber manejado discretamente el tema?)— ya en su puesto de jefe de Gabinete de Pedrosánche, y le dice que ya sabe todo lo de las orgías y que lo va a publicar, casi al instante el Pedrosánche se entera.

“Ketty tiene lo del parador y nos va a reventar”, dijo el presidente español, y ahí mismo se pusieron los jefes del PSOE y del Gobierno español a planificar una estrategia.

No porque lo de las prostitutas le importara especialmente: Sánchez ya sabía hacía tiempo de lo pito veloz que era su mano derecha. Ya la esposa de Ábalos había ido a llorar sus penas de cornuda a su amiga, la esposa de Pedrosánche, que puso su mejor cara de Begonia y salió corriendo con el cuento a su marido. El verdadero temor del presidente y su cohorte de sátrapas era que Ketty —¡viste cómo es Ketty!— empezara con la tira de cola de la prostituta brasilera y, tirando de allí, llegara a los verdaderos secretos que querían ocultar.

Ketty, como queda dicho, tenía innumerables fuentes informativas tanto en el partido como en el Gobierno. Según ella, “muy importantes”, lo cual se corrobora con el detalle de las informaciones que venía dando en The Objective.

Pero le apareció una “fuente” nueva, alguien que podría decirse inobjetable.

Y atención, porque acá viene el meollo de este escrito que exige atención.

Para perder el tiempo está TikTok.

Apareció alguien que no sólo confirmó todo lo de los paradores, sino que además le dio innumerables detalles de esos encuentros y más aún sobre la vida disoluta de Ábalos, el tercero del PSOE caído en desgracia. Le dio facturas de los gastos exorbitantes de Ábalos y su mano derecha Koldo García (un personaje de historieta que hizo un recorrido de portero de puticlub a manejar la corrupción de millones de euros), le contó incluso algo que Ketty no sabía: Ábalos sostenía una relación con una “chica de catálogo”, Jessica. Sería la primera de la que se sabría, después habría muchas más. Hay una escucha en donde Ábalos (el que era feminista porque era socialista) le dice a Koldo que a la fiesta lleve a “la Carlota, que se enrolla que te cagas” y Koldo, que ya había hablado con “la colombiana Ariana”, no sabe a cuál de las dos llamar y termina con: “Bueno, a la Carlota y la Ariana y a tomar por culo”.

Cuando Ketty comienza a publicar toda la trama sexual, esta nueva fuente que le apareció de golpe le mandó un wassap donde decía: “Yo me comprometí en no salir y dejarte mal y nadie está saliendo, es más nos están dando por no salir a defenderlo”. O sea, confirmaba que la información venía del riñón (siempre quise decir que una información viene del riñón, ahora sí me siento periodista) del PSOE.

La promesa era clara.

Nada de lo que Ketty publicara se iba a desmentir.

Incluso si tenían que pagar un costo por eso, el PSOE había decidido limpiarse de manzanas podridas y Ábalos era una manzana podrida.

The Objective siguió publicando las notas de Ketty y otros periodistas, dando datos cada vez más difíciles de desmentir. Es lo que tiene el periodismo cuando publica datos. Mientras tanto, el PSOE no desmentía, pero el en ese entonces vicepresidente español, Pablo Iglesias, del inclasificable (entre el islamismo y la izquierda delirante) partido Podemos, publica un artículo que lo retrata (a él) en su totalidad y es uno de los tantos ataques que sufrió Ketty por contar datos.

Bajo el rocambolesco título de “Periodismo basura: farlopa, coprofilia y cintas de vídeo”, el feminista Iglesias acusa a Ketty de consumir cocaína, practicar sexo con heces (sic) y pasarse las noches de joda en los bares de Madrid yendo todo el tiempo al baño a darse un saque. No fue el único, porque fue una operación coordinada y porque siempre están los correveidiles del poder, los dizque periodistas que en realidad son nada más que turiferarios del poder de turno. Así, desde eldiario.es, Público, desde la televisión pública hicieron fila para decirle a Ketty desde “ultraderechista” (mirá si se lo iban a perder), “basura”, “nada creíble”.

Durante tres años, Ketty y The Objective publicaron en solitario estas informaciones. Ningún medio se hacía eco, a pesar de lo interesante de la información.

Los dejaron solos.

Como pasa siempre, la culpa es del periodismo que dice lo que el poder no quiere que se sepa.

Y para castigarlo está el “periodismo” que jamás investigará nada, pero estará siempre a tiro de cheque para hacer una campaña de desprestigio. Que lo cuente Diego Cabot, si no.

Pero volvamos al meollo de la cuestión: la misteriosa “fuente” que comenzó a dar datos prometiendo que nadie los desmentiría. Cada vez que Ketty flaqueaba, esta enigmática “fuente” le repetía que nadie la iba a desmentir.

Como la “fuente” era de verdad una alta figura del partido y del Gobierno, Ketty confiaba. Además, la información era buena: ella la confrontaba con otras fuentes con las que tenía mayor confianza y todo cerraba.

Hasta que la “misteriosa fuente” no habló más. Lo que ahora se llama ghosting y en los ’80 era simplemente corte de rostro.

Ketty, en esos momentos en un avanzado estado de embarazo, tuvo que soportar un juicio puesto por Ábalos (contra ella, contra el director de The Objective, Álvaro Nieto, y contra el propio medio, a quien los “palmeros”, como le dicen en España a las focas aplaudidoras, llamaban “The Ojete”, porque para finos, los fanáticos) por injurias y calumnias.

Gran sorpresa fue para Ketty ver como testigo del juicio en su contra a Santos Cerdán.

¿Quién era Santos Cerdán? (¡No se vayan que ahora se pone bueno, un poco de paciencia que escribo largo!).

Era nada menos que secretario de Organización del partido (el puesto del que habían desalojado a Ábalos), el 3° del PSOE, la nueva mano derecha de Pedro Sánchez.

Pero no sólo eso.

Era la “misteriosa fuente” que se había abalanzado sobre Ketty para darle toda esa información, oficialmente, para limpiar al partido de la escoria de Ábalos.

¿Qué dijo Santos Cerdán en el juicio?

“La señora Garat me dio una visión de Ábalos que yo no conocía y le dije que cómo podía decir esas cosas sin tener pruebas”.

Hablame de traición.

Y entonces Ketty cayó en que había caído en la trampa.

Nada de limpiar el partido.

Lo que Santos Cerdán buscaba desparramando todas esas informaciones verdaderas sobre Ábalos era que la carpeta “prostitución” tapara la carpeta “corrupción”.

Es que “prostitución” era súper atrayente para el público en general: lindo escándalo, putas, falopa y la Carlota que se enrolla que te cagas. Mientras tanto, todo el negociado con el petróleo venezolano, la obra pública y “las mascarillas” (los barbijos, que allá también la pandemia sirvió para robar de lo lindo) pasaba silbando bajito.

Y en el medio, Ketty y The Objective eran presas de una campaña de destrucción de credibilidad manejada a tres puntas: el Gobierno, el partido y las focas aplaudidoras mediáticas.

Tan traidor fue Santos Cerdán que acusó a sus propias enemigas en el partido (las feministas de verdad que querían limpiar al PSOE de putañeros) de ser las que le pasaban la información a Ketty. Sí, la información que él pasaba.

¿Por qué toda esta historia ahora?

Porque Ketty acaba de ser reivindicada.

En una semana, su libro Todos los hombres de Sánchez (un guiño claro al Watergate y Todos los hombres del presidente) agotó su cuarta edición.

Hoy Ábalos y Koldo están en la cárcel.

Santos Cerdán está con libertad provisional, pero volverá a la cárcel en cualquier momento.

Y el Pedrosánche está cercado. Su esposa, su hermano, sus manos derechas, todos con un pie adentro y todos con un punto en común: él.

De la carpeta “prostitución” se pasó a la de “corrupción” porque hubo periodistas que buscaron y se la bancaron.

Y cómo.

A Ketty le dolió —igual que le pasó a Cabot en Argentina— el intento de demolición de los “colegas”, algunos de ellos ex amigos de la periodista.

Hay una polémica ahora en España. Acusan a Ketty de, en cierta manera, cometer un pecado capital en el periodismo: dar el nombre de una de sus fuentes, Santos Cerdán.

Pero Ketty, con una lógica irrompible, recuerda que Santos Cerdán no fue una fuente. Fue un miembro interesado de la trama corrupta que intentó utilizarla. Otro que creyó que publicidad y periodismo son lo mismo.

Cuando un periodista recibe un wassap de una autoridad y lo repite así como así, dando por cierto lo que esa autoridad quiere difundir, sin un contexto, sin una confrontación, incluso ufanándose en cámara —”me escribió el ministro Socotroco y cuenta que lo que ocurrió en realidad es…”—, no está haciendo periodismo. Está haciendo propaganda. Que muchas veces se paga muy bien.

Por suerte siempre habrá, allá, acá y en todas partes, WonderKettys.

Mujeres y hombres periodistas a los que habría que temer.

¡Gracias, Ketty!

¡Gracias, Diego!

Revista Seúl




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