ECONOMÍA
Mientras el mundo tiembla ante la guerra entre EEUU e Irán, el peso argentino se ubica entre las cinco monedas con mejor desempeño del planeta
Por Cristian Almada
Históricamente al país le ha costado, en términos de intercambio, los shock externos que derivan de conflictos ya sean bélicos o correcciones cambiarias de divisas del país de origen del conflicto —valga la redundancia. Véase por ejemplo la crisis del tequila 1995, sudeste asiático 1997 o depreciación del real en 1999 que derivó en la caída de la convertibilidad.
En el contexto actual —guerra EEUU contra Irán— el paso argentino se ubica en el quinto puesto de monedas con mejor desempeño ante la tensión financiera: La moneda con mejor desempeño desde que arrancó la tensión es el shekel israelí, que se aprecia 0,7% contra el dólar estadounidense. Le siguen el dólar canadiense, que avanza 0,4%, y el dólar de Hong Kong, que se mantiene prácticamente neutro. La lira turca se ubica en cuarto lugar con una depreciación de 0,3% y el quinto lugar es para el peso argentino, que cede 0,4% en el acumulado desde el cierre de febrero.
Si bien el saldo del peso argentino en los últimos días es negativo, la depreciación es ínfima teniendo en cuenta la fuerte tensión financiera global. Además, supera el desempeño de la mayoría de las monedas del mundo, como el euro, el franco suizo, el yuan chino, entre otros.
El país, a diferencia de otros momentos de la historia, muestra una economía más saludable y mejor posicionada en términos de reservas y baja dependencia al crédito externo además de una combinación de factores nunca visto.
¿Por qué el peso resiste?
Básicamente porque el país pasó de déficit energético a exportador neto de energía con un saldo favorable en la balanza comercial energética, de déficit en las cuentas públicas a superávit financiero y la reestricción cambiaria que todavía persiste para las empresas.
El escudo energético de Vaca Muerta
• Argentina pasó de ser un importador neto de energía a un exportador gracias a Vaca Muerta. La suba del petróleo, que castiga a los países importadores (como la mayoría de los emergentes), beneficia directamente a la Argentina porque mejora sus términos de intercambio.
• Se proyecta que el superávit energético supere los US$10.000 millones en 2026. Esto significa más dólares comerciales entrando, lo que fortalece la oferta de divisas y quita presión al tipo de cambio.
• Los analistas lo resumen así: mientras el shock sea solo una suba de energía, el balance para Argentina es «neutral o incluso positivo». El problema sería si deriva en una recesión global.
La reestricción que todavía persiste para las empresas —giro de dividendos condicionado y vía bonos BOPREAL— condiciona la demanda de dólares y no estresa las reservas del BCRA. El Banco Central y el Tesoro intervinieron activamente en el mercado financiero, ofreciendo cobertura cambiaria a través de bonos como el BOPREAL y los Bonos Duales, lo que moderó la demanda de dólares como cobertura.
El mercado percibe que el programa económico tiene un pilar sólido en el superávit fiscal y el respaldo político del gobierno, lo que sostiene la credibilidad del esquema cambiario a corto plazo.
1997 vs. 2026: Qué cambió (y por qué esta vez es diferente)
Vale la comparación: qué es distinto entre 1997 (crisis del sudeste asiático) y el momento actual:
1. El Motor del Superávit (Vaca Muerta vs. Exportaciones Fabriles) En 1997, los países asiáticos dependían de exportaciones manufactureras que se volvieron poco competitivas por la apreciación cambiaria. Hoy, la Argentina tiene un shock positivo de términos de intercambio: el producto que exporta (petróleo y gas) es el que se encarece. Esto es un «salvavidas» que los asiáticos no tuvieron.
2. El Rol del Estado (Cepo vs. Liberalización) La crisis asiática se precipitó por una liberalización financiera apresurada que permitió la entrada y salida masiva de capitales especulativos. En cambio, el país mantiene un control de capitales que, aunque distorsivo, actúa como un cortafuegos ante la fuga repentina.
3. La Naturaleza del Endeudamiento En Asia, la deuda era principalmente privada y de corto plazo, lo que generó una crisis bancaria sistémica cuando las empresas quebraron. En cambio, el problema es fundamentalmente soberano y de mediano plazo en el país: el Estado debe US$4.200 millones en julio, no hay una burbuja de crédito privado. La banca está líquida y los depósitos en dólares son altos (US$39.000M).
La advertencia que pende
A pesar de estas diferencias, los informes de Citi, Wells Fargo y consultoras locales coinciden en una advertencia: si el conflicto se prolonga y deriva en una recesión global, el efecto positivo del petróleo se desvanece.
Una macro sólida y ordenada es lo que le permite al país —por ahora— salir ileso del conflicto. Superávit en las cuentas públicas, balanza energética positiva, precios internacionales del petróleo en alza, acumulación de reservas y reestricciones a las empresas que impiden la salida de capitales son los fundamentos del país que utiliza como escudo ante este shock externo producto del conflicto bélico que no sabemos cuánto durará.
El Liberador
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