EDITORIAL
¿Quién los entiende?
Por Walter R. Quinteros
Los fundamentalistas del desorden, esos que están parapetados tomando mate tras un escritorio en la municipalidad de Cruz del Eje, deben tener algunos días en que ponen a navegar sus divagues sobre el papel, sin tener la más mínima idea de lo que escriben, pero con la secreta esperanza de que por eso, obtendrán algún ascenso, y coso.
Un caso de ineptitud digno de ser exhibido en vidriera, como ejemplo para ilustrar este editorial es la ambigüedad de las frases que emplean. Pero primero fijémonos que dice el diccionario sobre ambigüo: "Que puede entenderse de varios modos o admitir distintas interpretaciones y dar, por consiguiente, motivo a dudas, incertidumbre o confusión".
("Únase a nuestra página de información", ponen. Con una caradurez exultante).
Pero también encierran en sus estados de aturdimiento e inestabilidad frente al papel, y a la hora de redactar algo tan simple, cierta dicotomía. Sobre esta palabra, el diccionario dice que: "Una dicotomía es un contraste entre dos cosas".
Lea con detenimiento los carteles que son portada de esta nota: El maltrato hacia la calle Rivadavia es digno de las maldades del personaje Cruella de Vil, a la hora de mantenerla limpia. Nos encontramos así, conque tenemos que sacar la basura "temprano" para que ellos la retiren a "la tarde". Sino, multa de aquellas. Mientras tanto, la basura fermenta a los rayos del sol y pululan las moscas en la calle más centrica de la ciudad. Divinos los cosos. Ambigüedad y dicotomía en una misma jugada, sin que la pelota toque el verde césped.
Con una devaluada excusa, mucho tiempo antes, los "cráneos" municipales supieron levantar los canastos para la basura de la calle Rivadavia. Aparentemente, "afectaba a los comercios gastronómicos". Se ve que les daba cosa, y coso. Debe ser que comer una hamburguesa o un panchito a tres metros de un canasto para la residuos, causa una sensación vaga de malestar en la parte superior del abdomen o en el vientre del comensal, debe ser.
Pero... ¿Y los vecinos?
Pero... ¿Y dónde arrojan después los comerciasnte los residuos que ellos mismos producen?
¿Alguien ha caminado las veredas de la calle Rivadavia un día domingo para ir a misa como yo?
Nadie parece pensar en los vecinos frentistas de esta céntrica calle en Cruz del Eje, la calle del polo gastronómico. La calle de los perritos callejeritos. La calle de los desamores.
Entonces no vamos a dejar pasar la oportunidad de escribirle al intendente Renato Raschetti y a los fundamentalistas del desorden, algunas consideraciones sobre HIGIENE gratuitas:
En cuestiones de seguridad
Dice John Morton, experto ambiental del banco mundial que, "un espacio con desorden y basura es percibido como que no hay personas cuidando ese lugar". Para Mona Sue-Ho, especialista en desarrollo social de Jamaica; "sacar la basura de las calles es parte de una estrategia más amplia llamada prevención del crimen a través del diseño ambiental. Una metodología canadiense que busca reducir las oportunidades de cometer delitos".
En cuestiones de preservación del medio Ambiente
Al asegurar la limpieza de las calles, niñitos fundamentalistas, contribuímos a la conservación del medio ambiente porque evitamos la acumulación de residuos y escombros que podrían tener efectos perjudiciales para el ecosistema. Y sepan, ya que tanto se la dan de sabihondos, que mantener limpias las calles también es esencial para el bienestar de los animales domésticos. Los residuos y los desechos mal eliminados pueden representar un peligro importante para los animalitos de Dios, por ingestión o torpezas.
A esta no la sabe nadie, menos el intendente
Las calles limpias, sepan, ayudan a mantener una imagen positiva de la ciudad y una imagen responsable de la comunidad a los ojos de residentes, visitantes, desorientados y turistas.
En cuestiones de protección del pavimento
Sepan, fundamentalistas del desorden, que las superficies de las calles y los pavimentos están sometidos a desgaste procedente de diversas fuentes, como el tráfico constante de vehículos, y la exposición de elementos ajenos, como arena, piedra, diversos metales y líquidos corrosivos.
En cuestiones de mejorar la estética
Aunque les cueste creer, sepan que la limpieza y el mantenimiento periódicos de las calles, mejora la estética de ciudades y pueblos. Las calles limpias, niñitos, contribuyen a una sensación general de orden, belleza y orgullo del entorno local, aunque no sé si les interesa. Pero no dejen pasar la oportunidad de avisarle al intendente y al responsable del área que el atractivo visual de las calles limpias y las zonas públicas bien cuidadas puede influir directamente en el turismo y la actividad económica. Hagan correr la voz.
En cuestiones de salud y seguridad pública
No deben olvidar, jamás de los jamases, que la relación entre la limpieza de las calles y la salud y seguridad pública es una consideración fundamental en cualquier gestión municipal. Para eso están. Las calles sucias o mal mantenidas suponen un riesgo importante para la salud pública, al crear condiciones insalubres, atraer vectores de enfermedades y comprometer la limpieza e higiene generales del entorno urbano. No esperen alguna denuncia en el fuero correspondiente. Siempre hay un vecino que se desestabiliza emocionalmente porque paga al día las tasas municipales, para nada.
Conclusión
Repitan conmigo: Al garantizar la limpieza periódica y a fondo de las calles, los municipios pueden mitigar los riesgos potenciales para la salud asociados a los residuos no gestionados y fomentar un entorno de vida higiénico y sano para todos los residentes. De nuevo, y otra vez.
Después de leer esto, queridos fundamentalistas del desorden cruzdelejeño, no se las cuenten que son "Licenciados en Seguridad e Higiene". Mejor agarren la escoba, porque bien dijo el general Perón: "Que los intendentes se ocupen del alumbrado, barrido y limpieza, las obras y mejoras nos corresponden a nosotros". Tomen.
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