EDITORIAL
La infancia en la era de la inteligencia artificial
¿Qué sucederá cuando la mayor parte de lo que lean y escuchen los niños no haya sido escrito por otros seres humanos, sino por programas de IA?
Esta pregunta fue planteada por Yuval Noah Harari, historiador israelí, durante una conversación con Irene Tracey, de la Universidad de Oxford, en el Foro Económico Mundial de Davos. Según Harari, con el uso masivo de la IA se está realizando el experimento psicológico más grande de la historia.
La conversación, titulada "Una conversación honesta sobre la IA y la humanidad", giró en torno de los efectos que la IA puede tener sobre la humanidad, y en particular sobre los niños. Tracey planteó un escenario en el que las primeras interacciones de los menores no serían con padres, docentes o cuidadores humanos, sino con sistemas de IA capaces de generar palabras, historias, respuestas y consejos. Harari, por su parte, recordó que nunca antes se habían criado generaciones enteras cuya realidad lingüística y narrativa proviniera de entidades no humanas.
El historiador remarcó que es necesario entender el lugar central que el lenguaje ocupa en la historia humana. En ese sentido, observó que los seres humanos no dominaron el mundo por su fuerza física, sino por su capacidad de usar palabras para pensar, cooperar y construir mitos compartidos a través de religiones, ideologías, leyes y sistemas políticos. Durante milenios, el lenguaje fue un monopolio humano. Pero en la actualidad, ese monopolio está desapareciendo, porque la IA no solo usa palabras, sino que puede organizarlas, analizarlas y producirlas a una escala y velocidad superiores a las humanas.
Harari observó que los humanos hemos definido quiénes somos a partir del pensamiento: "pienso, luego existo". Pero si los niños crecen interactuando desde el inicio con sistemas que "piensan" mejor que ellos, que responden con mayor fluidez y que producen textos más coherentes, está el riesgo de que una nueva generación se perciba a sí misma como intelectualmente secundaria frente a máquinas.
Harari advierte además que el uso excesivo de herramientas de IA puede llevar a una descalificación progresiva del pensamiento humano, delegando el análisis, la toma de decisiones y la comprensión profunda a sistemas externos. A largo plazo, esto podría desembocar en sociedades que dependen de estructuras —financieras, políticas o sociales— tan complejas que ningún ser humano sea capaz de entenderlas por completo. En ese escenario, los humanos vivirían dentro de sistemas que no comprenden, como seres que participan en una economía sin entender, por ejemplo, qué es el dinero.
Por otra parte, recordó que el cerebro humano no se desarrolla solo a través de información, sino mediante experiencias emocionales, como el amor, la frustración, la ira, el sufrimiento y la empatía. Estas vivencias, dijo, compartidas con otros seres sintientes, son fundamentales para la formación de la mente, la moral y la capacidad de cooperación.
En cambio, la IA, por avanzada que sea en el uso del lenguaje, carece de emociones y de una historia de vida. No siente dolor, ni apego, ni miedo, ni compasión. Puede imitar respuestas empáticas, pero no experimenta empatía. Según Harari, criar niños cuya interacción primaria sea con entidades no sintientes implica privarlos de un "espejo emocional" esencial. El riesgo es que los menores aprendan a comunicarse y a pensar en un entorno que no puede ofrecer comprensión genuina de la condición humana.
El historiador advirtió que esta ausencia de emociones también podría debilitar la capacidad de los niños para desarrollar empatía hacia otros humanos, ya que la empatía surge, en gran medida, del reconocimiento del esfuerzo, la vulnerabilidad y la experiencia compartida. Según Harari, el mundo está transformando el entorno simbólico y emocional en el que crecen los niños. Si no somos conscientes de lo que está en juego —la identidad, la empatía y el pensamiento humano—, lo que el historiador israelí denomina "el mayor experimento psicológico de la historia" podría redefinir, de manera irreversible, lo que significa ser humano.
(Con información de NORTE)
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