CULTURA
Hoy: Elena Anníbali
María Elena Anníbali nació en Oncativo, Córdoba, 19 de abril de 1978, es una escritora, docente y tallerista Argentina reconocida en su labor de poeta obteniendo importantes premios y siendo reconocida por sus pares. Su primer libro publicado fue “Las madres remotas” en el año 2007, obra que gana el concurso de la editorial Cartografías de la ciudad de Río Cuarto cuyo premio es la publicación. Diez años después se vuelve a editar por el sello Buena Vista en una colección “Amalgama” dirigida por el poeta Alejandro Schmidt. En ese momento Elena Annibali vivía en su ciudad natal, Oncativo. Ese mismo año realiza una clínica de poesía dictada por Alejo Carbonell, editor de Caballo Negro. A partir de allí comienza a trabajar en lo que será su segundo libro “Tabaco mariposa” en el año 2009. Su tercer libro “La casa de la niebla” publicado por Ediciones del Dock de Buenos Aires logra un gran recibimiento por los lectores, colegas y la crítica especializada. En el año 2017 se publica “Curva de remanso”, nuevamente por Caballo Negro editora.
Obra publicada
Poesía
"Las madres remotas" Editorial Cartografías. Río IV. 2007. "Tabaco Mariposa" Editorial Caballo Negro. Córdoba. 2009. "La casa de la niebla" Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2015."Curva de remanso" Editorial Caballo Negro, Córdoba, 2017. "El viaje" Editorial Salta el pez, La Plata, 2021. "Cyborg/ Guadal", Editorial Caballo Negro, Córdoba, 2022. Antología de poetas argentinas (1981-2000). Compilación y prólogo. Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2023
Narrativa
"El tigre" Editorial Universitaria de Villa María. 2010.
Ensayo
"Perro de Dios -Diez años en la poética de Alejandro Schmidt" Ensayo. En coautoría con Leticia Ressia. Coedición Editorial Universitaria de Villa María y Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, 2020.
De La casa de la niebla (Ediciones Del Dock, 2015).
I
señor,
vos le diste a mi hermano un ford falcon rojo
para llegar a la casa de la niebla
y después qué
¿le dijiste?
¿le explicaste que el camino estaba cortado?
¿que el motor estaba roto?
¿que todo estaba roto?
¿que no había vuelta?
¿qué hiciste, cómo
para convencerlo?
para que te diera la mano
se sentara en la sillita de mentira
dejara que la oscura hostia de tu nombre
le llegara a la boca
¿o le metiste una piedra?
o una moneda, un gancho,
un papelito
de dónde lo enmudeciste, lo hiciste
olvidar
olvidarnos
qué señas le habrás hecho para que en vez de volver a casa
apagara el motor del falcon
se escurriera de la sedosa perfección del cuero
de la música en la radio
del ronroneo cachondo del auto
y se bajara con vos
para ir adónde
¿a cazar pajaritos?
¿a ver el dorado pasto extinguirse tras el fuego del invierno?
¿a romper el cristal del agua para que beban las crías?
o era verano, quizá, por entonces
y le diste el agua peligrosa de tu cielo
entradora, el agüita, sí
clarita, el agua, bueno
pero detrás de eso vos sabés que un agua así da más sed
uno se entierra más en el pozo
y más
hasta echarse tierra en el lomo
y ni el ángel constante y poderoso de los molinos de viento
puede salvarte
no
¿sabías que mi hermano iba a decir sí?
cuando viste el polvito que levantaba el falcon rojo en el camino
no pensaste dejarlo ir?
aunque sea, señor, porque él era toda belleza,
a esa edad,
toda alegría
toda
razón de ser
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