ASTILLAS

OPINIÓN

Esa es la impresión

Por Osvaldo Bazán

Millones de astillas desperdigadas, sin rumbo, chocándose entre sí, ignorándose en el mejor de los casos.

Polvo en el viento de la indiferencia.

Pedacitos sueltos al garete a merced de las correntadas. Y las correntadas son fuertes.

¿En eso nos han convertido?

Ya no ciudadanos, ¡qué digo “ciudadanos”!, ya no habitantes, ya casi ni personas.

Astillas.

Restos del naufragio, gotas de cansancio; retales, chapuza, pastiche. Todo funciona a pedal.

No, no es que cada cual atiende su juego.

El juego terminó.

Quedamos solos, la cabeza gacha, la voluntad ausente.

Perdón la crudeza, perdón el desconcierto.

2023, el año de la colonoscopía: todos sabemos que es feo, pero hay que pasarlo.

Se instaló como frase en las redes “la locura es total”. No lo creo. La locura es una enfermedad, te viene, te toma, no sos responsable de ella.

Esta enfermedad nuestra, este salto al vacío de la vulgaridad fue voluntario. Por acción u omisión, lo hicimos entre todos durante años.

Cada vez menos exigencia en todos los ámbitos. “Pasá de grado sin saber, no importa”. “Llevate todas las materias, no importa”. “La bandera, una vez para cada uno, nada de ganarse nada”. “No compitas, esperá que te toque el turno de ser el agraciado y listo”.

Donde hay una necesidad, hay un derecho.

-Necesito pasar de año sin estudiar.

-Ok, es tu derecho.

El Canciller no sabe inglés. No importa, es nieto del Estado.

El ministro de Economía no sabe de economía. No importa, es amigo de los grandes.

La locura no es premeditada.

Este desastre, sí.

Giramos descendentemente en una confusión mediocre y somos tratados por el poder estatal como estúpidos.

Un solo ejemplo explica todo: no quieren solucionar un problema básico como el de la pila de billetes que hacen falta para comprar cualquier cosa porque suponen que si hacen un billete de mayor denominación nos vamos a dar cuenta de que las cosas son caras y que cobramos poco por nuestro trabajo.

Va de nuevo, porque naturalizamos esta idiotez:

Un solo ejemplo explica todo: no quieren solucionar un problema básico como el de la pila de billetes que hacen falta para comprar cualquier cosa porque suponen que si hacen un billete de mayor denominación nos vamos a dar cuenta que las cosas son caras y que cobramos poco por nuestro trabajo.

Sí, eso piensa el Estado de nosotros.

Que somos así de estúpidos.

Como dice la reina argentina Mirtha Legrand: “como te ven, te tratan”.

Nos ven como estúpidos, nos tratan como estúpidos.

No sé cómo será escribir este año.

No sé cómo será vivir este año.

¿Cómo hablar sobre un país que ya no es país?

¿Dónde pararse cuando se afanaron el piso, y el contrapiso y el suelo y el subsuelo?

¿Qué sentido tiene narrar la profundidad del abismo, si cada vez que llegás al fondo ves que hay otro y otro y se baja más, y más, y más?

Cuando la caída es infinita los números no significan nada.

Astillas horrorizadas, ciegos por propia voluntad, ante lo siniestro del paisaje.

¿Volver a detallar las imágenes del naufragio?

¿Para qué?

El patético loop de la realidad ha conseguido que naturalicemos el espanto.

¿Cómo estremecerse una vez más con esos miles de desarrapados intentando encontrar algo de comida que esté un poco menos podrida, si ya vimos a Chicharrón, un nenito de 8 años, aplastado por un camión de basura en el “El Volcadero”, ese basural a cielo abierto del barrio San Martín, en Paraná? Un barrio de 200 familias de las cuales el 95% comen del basural.

La noria de indignidad no para, como en televisión las imágenes de los patoteros de Zárate en aquella noche terrible de Villa Gesell.

Tantos años escuchando a gente que pide agua y le dan barro en el Chaco mientras el gobernador Capitanich, en su nube de gases del tubo digestivo en el que vive da clases de constitucionalismo trucho y coso, nos solidificó eso que antes era un corazón.

Sí, claro, en Chaco el agua, cuando es, es barro y generalmente no es. Ya lo sabemos. Mientras tanto, la capital Resistencia festeja su cumpleaños con show de Los Palmeras y la Sole y publicidad en todos los medios nacionales, una buena anteojera para que miremos para otro lado. Seguramente habrá sido un consejo desinteresado que le dio a la municipalidad desde su puesto provincial Guillermina Capitanich, quien después de un muy exigente concurso, ganó el máximo puesto público de poder dentro del ECOM Chaco, el ente que regula los medios públicos provinciales, quedándose con la dirección de Chaco TV, Radio Provincia y la agencia FOCO. Que sea hija del Coki no tuvo nada que ver en su elección, mal pensados.

Astillas corriendo en redondo, migajas de lo que éramos, fragmentos de la nada.

El álbum de figuritas de la degradación que sufrimos ya está lleno; al rever sus páginas notamos -quizás por defensa propia- que ya nada nos sensibiliza, que consentimos lo inaceptable y aceptamos que esto es un país y que eso es un gobierno.

Los paisajes siguen siendo hermosos, pero bajás la vista y la miseria en la que viven millones de compatriotas lastima y ya nada puede disfrutarse. Digo “millones de compatriotas” sin confiar, claro, en los datos de un censo tan costoso como inútil.

No hay números en los cuales confiar porque este es un gobierno deshonesto. Desde las pruebas Pisa del 2015 para acá, el peronismo ha destruido cualquier termómetro racional y necesario ¿El resultado? Nadie cree en nada. La desconfianza es total, no se cree en el número oficial de la inflación, ni en cuántos somos; en ninguna estadística oficial, en ninguna declaración estatal. Cualquier palabra de un funcionario puede ser desmentida al día siguiente y aquí no ha pasado nada. Ya nada escandaliza, se pasó el umbral de la sorpresa y lo que queda es un mar de desconfianza.

Astillas turbadas de pasmo y duda.

Y así ya no sensibilizan los cotidianos “accidentes” que no son tales en las rutas del país. Y digo que no son tales porque la definición de accidente es “suceso imprevisto que altera la marcha normal o prevista de las cosas” y tal como está el sistema vial argentino, lo que se puede prever, lo que más fácilmente ocurrirá es el choque. Hoy lo accidental es llegar a destino sin problemas; y así sumamos muertos por doquier en rutas poceadas, no señalizadas, rotas, sin banquinas. Después se juntan los funcionarios y legisladores, decretan “alcohol 0” y se felicitan por todo lo que hicieron por la seguridad vial. Las rutas siguen poceadas, no señalizadas, rotas, sin banquinas, pero con muchos radares y alcohol 0. Se apilan los muertos en las rutas. Los vehículos chocados quedan a merced del óxido durante años. Y, bueno. Los legisladores ya hicieron lo suyo: alcohol 0 y a otra cosa.

Si te matás, la culpa es tuya. No de ese Estado que no estuvo cuando debía estar. Mentira, pero todos hacemos como que no.

Astillas.

Desperdigados, mirando el suelo. Llenos de vergüenza por haber convertido el país promesa del 1900 en el país pavo del 2000.

Nuestro salto a la mediocridad es infinito ¿de verdad no tuvimos nada que ver?

En algún momento deberemos pensar qué hicimos en la guerra, por más que nuestros hijos no lo pregunten, porque ni les interesa; ellos también fueron ganados por la abulia y el desgano. Habremos sido demasiado ingenuos o demasiado soberbios, o demasiado ignorantes o demasiado indiferentes o demasiado negligentes.

Algo hicimos o algo no hicimos para estar acá, cayendo, encerrándonos en casas con barrotes que intentan ser infranqueables mientras son soplados como papel por los maleantes que nos rodean. Y que están sueltos porque el Estado los soltó. Y que ni siquiera se puede decir que estén prófugos, porque para eso alguien debería estar buscándolos.

Y no. Si el ministro de Seguridad es un pelele maleducado cuya gracia es el destrato y la inacción (con la firme sospecha de la acción a favor del mal).

Quedó viejo el cambalache de Discépolo.

Los inmorales no sólo nos han igualado.

Nos han ganado.

Una y otra vez.

El gobierno nacional reconoce miles de hectáreas mendocinas -justo ahí donde se detectaron los primeros pozos de crudo no convencional de Vaca Muerta en la provincia- a mapuches que no tienen ningún aval para reclamar presencia ancestral. Ni se anotaron en el censo obligatorio que rige desde 2006, un requisito básico para encarar cualquier pedido. No es un escándalo nacional. No es ni siquiera un escándalo. Ya sabemos, estos tipos regalan tierras que no le pertenecen. Parece que bajamos los brazos ante la prepotencia.

Esto confirma otra mala noticia: nadie sale de décadas de peronismo como entró.

Todos somos peores de lo que éramos.

Más irresponsables, más sucios, más descuidados. El contexto nos lleva a la insensibilidad, la desidia, la dejadez y el abandono.

No hay elegancia en la calle, en el trato, en la convivencia.

Llegar tarde no es problema.

No cumplir un compromiso está justificado.

Nada es tan grave, no jodas. Traéte un viajero y listo.

Sí, es cultural.

Sí, se profundizó en los cuatro gobiernos kirchneristas, en donde la fealdad dio cátedra, con sólo ver el último billete propuesto alcanza. Un papelito de almacén de 1920. No, perdón. Aquél papelito al menos tenía una intención de belleza.

Argentina vive bajo un moho gris que apenas vio la luz en las jornadas refulgentes de diciembre por el Mundial cuya máxima estrella tuvo que irse de niño del país para poder ser quien es.

Astillas indolentes, ¿en eso nos convirtieron?

Frena un camión en un semáforo de Quilmes.

Es de noche, es de día, no importa.

Un grupito de pibes aprovecha y abre las puertas del camión. Espantadas, tres o cuatro vacas, algún ternero, sale corriendo. Será lo último que hagan. Las hordas vecinales correrán más rápido, las encerrarán, las carnearán bestialmente, como en una escena de “El Matadero” que Esteban Echeverría escribió en 1840.

Pasaron 183 años en vano.

Mientras tanto Mayra, uno de los personajes más perversos de esta historia, baila con sus botitas importadas y su cara de “los mejores días siempre fueron aquellos en los que nos robamos todo y nadie nos controló”.

Astillas apáticas encerradas en sí mismas, ¿en eso nos convirtieron?

Pasa un pibe por un kiosco de un barrio rosarino:

-Me tenés que dar 5 lucas todas las semanas si no querés que te baliemos el local.

-No tengo plata hoy, soy la empleada, te puedo dar una botella de fernet, pasá mañana que hablo con la dueña.

-Bueno, dame la botella, tengo que llevar algo porque me aprietan, mañana paso.

La solución a este problema es poner fibra óptica en las cárceles federales, donde están encerrados los narcotraficantes, para que puedan ser más rápidos y efectivos en las órdenes a sus soldaditos que todavía están afuera.

“La fibra óptica en las cárceles federales significan muertos en las calles de Rosario”, dice el intendente de la ciudad, Pablo Javkin. Se ve que él no tiene fibra óptica en sus comunicaciones, nadie en la nación lo escucha.

Si somos astillas es porque la explosión ya ocurrió.

No hay saqueos, no hay corridas, no hay chinos llorando en la puerta del supermercado porque no hay barones del conurbano encendiendo la mecha, no hay peronistas frotándose las manos con la anarquía suelta en las calles.

Los dueños del caos hoy son los dueños de todo y entonces no azuzan a su tropa.

Sí, los que salimos con la cacerola para que caiga De la Rúa somos responsables de darnos cuenta 20 años después. Hoy que estamos mucho peor que en aquél 2001, comentamos Gran Hermano en las redes.

Esto es el campo después de la batalla.

La sequía se sumó a ese paisaje, todos es aridez, todo es marchito, todo es sed y calamidad.

Pero cuando nadie lo esperaba vino una lluvia brusca a fin de enero.

Y después otra.

Y un poco más de agua.

Lo perdido ya está perdido, pero este chaparrón de enero avisó que podemos parar de caer.

No será nada fácil, las pérdidas ya son brutales.

Habrá una tormenta y deberemos ser nosotros mismos esa tormenta, si es que todavía queremos decir esa palabra que hoy parece vedada; esa palabra que es la única que tenemos: futuro.

Convertir astillas en semillas.

Dejar de caer.

Dejar de caer.

Dejar de caer.

Será el principio del fin del desastre.

(© Osvaldo Bazán / El Sol)


Comentarios