Un piloto invita a Fermín a dar una vuelta en una avioneta de dos plazas.
Despegan un día soleado, empiezan a sobrevolar la llanura y de pronto el piloto sufre una convulsión y se desmaya.
Fermín, desesperado, no entiende qué pasa. Toma entonces el micrófono del radio que venía usando el aviador y llama a la torre.
—¡Oigan! ¡Socorro, socorro! ¡Algo le ha pasado al piloto! —exclama.
—Aquí control —oye que le dicen por el radio— ¿Qué ha ocurrido?
—¡Que se ha desmayado el piloto y no sé qué le pasa! ¡No sé si está vivo o muerto!
—Bien, relájese —le responden—. Tenemos experiencia en estas cosas. Yo le iré indicando exactamente lo que tiene que hacer.
—De acuerdo señor —dice Fermín.
—Dígame por favor su altura y posición.
—Mido un metro setenta y estoy en el asiento del copiloto.
Después de un breve silencio, de la torre de control le responden:
—Bien... Repita conmigo: “Padre nuestro, que estás en los cielos...”.
Ji jí.

Comentarios
Publicar un comentario