OPINIÓN
Milei y el peligro de volverse paranoico siendo el hombre más poderoso del país
Por
Christian Sanz

Atribulado -y acaso saturado- por el trabajo periodístico de los últimos días, durante el fin de semana se me ocurrió mirar un documental titulado Team Foxcatcher.
Allí se narra la historia real del millonario John du Pont, heredero de una fortuna familiar inconmensurable, quien creó un centro de entrenamiento de lucha libre olímpica en su lujosa finca en Pensilvania llamado justamente como el documental: Team Foxcatcher.
Allí puede verse cómo la paranoia y los trastornos mentales de Du Pont fueron en aumento hasta culminar en el trágico asesinato del campeón olímpico de lucha libre David Schultz en 1996, a quien le descerrajó varios disparos de arma de fuego.
El documental registra con eficaz precisión el gradual deterioro del asesino, cuyos síntomas podían verse desde años antes de cometer el crimen de marras. El hecho de que nadie dijera nada al respecto, sólo ayudó a agravar el problema (perdón por el spoiler).
Ahora… ¿por qué ninguna de las personas que rodeaban a Du Pont se animaron a hablar al respecto? Es curioso, porque muchos de los que gravitaban en la órbita del asesino aseguran en el documental que era una persona que denotaba problemas mentales desde el “día uno”.
Aunque nadie lo dice, todo indica que el poder de Du Pont intimidaba a quienes lo rodeaban. Por eso nadie se atrevía a contradecirlo ni a señalarle sus anomalías psíquicas. Está claro que ello fue un error, que terminó con el peor de los escenarios.
Lo antedicho viene a cuento de la entrevista que concedió Javier Milei en las últimas horas a Luis Majul, en la que aseguró que ahora la Quinta de Olivos pasó a ser una base militar. “Tengo algunos enemigos pesados en el mundo”, puntualizó al respecto.
Textualmente, el jefe de Estado expresó: “Hoy la Quinta de Olivos es una base militar y recibe un tratamiento de una base militar”. Y añadió que eso supone medidas de seguridad más fuertes de las que contaba hasta ahora.
“Tengo algunos enemigos pesados en el mundo. Acá en Argentina también pero los de acá son de vigesimoquinto orden“, dijo, sin dar mayores detalles al respecto.
Como era de esperar, las declaraciones del presidente sorprendieron a propios y ajenos. Sin embargo, no son nada novedosas. En menor escala, el mandatario venía ostentando síntomas de paranoia en hechos de menor cuantía. Casi desde el comienzo de su gobierno.
Por caso, en un principio muchos libertarios fueron expulsados del paraíso mileísta por los delirios persecutorios del presidente de la Nación. Tal los casos de Ramiro Marra, Diana Mondino, Nicolás Posse y hasta Carlos Rodríguez, quien se desempeñó como asesor de Milei antes de la campaña presidencial.
Ello fue in crescendo, llevando al jefe de Estado a niveles de sospecha insólitos, que lo llevan incluso a portal un chaleco antibalas en actos masivos. Sin que nadie se anime a decirle nada de nada.
La gran duda es: ¿Hasta dónde llegará la paranoia presidencial? Porque, si bien el problema es la salud mental del mandatario, más aún lo es el hecho de que ostenta el cargo más importante del país. O sea, es el tipo con más poder de la Argentina.
¿Qué ocurriría si el día de mañana creyera que tal o cual persona quieren atentar contra él? ¿Qué medidas podría llegar a tomar? Cualquier respuesta que pudiera barajarse resultará inquietante.
Lo único que queda claro es que este tipo de historias jamás culmina bien. Quien abrigue alguna duda, sólo debe ver el documental Team Foxcatcher.
Tribuna de Periodistas
Comentarios
Publicar un comentario