"ELCANTAUTORQUENOPUEDESERNOMBRADOPORQUELLORA"

OPINIÓN

Ismael Serrano acusa de crueldad a Rebeca Argudo, una periodista española que se burla de él. A mí me parece otra cosa: gente riéndose

Por Osvaldo Bazán

Aviso porque no traiciono.

Igual eso de que el que avisa no traiciona… en todo caso avisa que se convierte en un traidor, pero, bueno, intentaré no irme por las ramas porque además es primavera y no está para pisar brotes.

Voy a hablar de algo trivial, de una polémica que ni nos toca; voy a hablar de eso que, cuando uno termina de contar, habilita a su interlocutor a decir: “¿Y yo qué hago con esa información?”. Y la respuesta, necesariamente, es “nada”, como casi todas las cosas de las que nos enteramos en este mar de datos, donde ya nos ahogamos hace años, y eso que creemos que es un bote que viene a salvarnos es nada más que una fake news, y eso otro que vislumbramos como un salvavidas es una desmentida de algo que es cierto.

En fin, que si ha decidido usted, en este primer sábado de primavera, leer esto, le aclaro que es un pasatiempo que sólo empuja a un “mirá vos”. Eso, claro, en principio, porque me conozco y, como dice Fito Páez, “vivir cargado de sentido / eso sí que es la parte más pesada”, y así le fue.

Ocurrió este jueves en Madrid y no es ni siquiera un escándalo mediático de magnitud. Involucra a “Elcantautorquenopuedesernombradoporquellora” y a Rebeca Argudo.

Ya sé, esto no dice nada.

“Elcantautor…” etc. es conocido en Argentina por ser el autor de unas estrofas tan inspiradas como “Papá cuéntame otra vez / esa historia tan bonita / de aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia / Y cuyo fusil ya nadie / se atrevió a tomar de nuevo / y cómo desde aquel día todo parece más feo”.

No sé si nombrarlo porque tampoco es que quiera hacer llorar a la cuarta copia de papel carbónico de Serrat con melodías de Arjona. Pero, bueno, lo digo, porque esto es un sacerdocio y tengo los puños llenos de verdades, caiga quien caiga: don Ismael Serrano (también conocido como Ismael Presunto).

Rebeca Argudo no es conocida en Argentina.

Bueno, hasta ahora, porque la repercusión de este newsletter la lanzará a la fama como nunca imaginó.

¿Cómo explicar quién es Rebeca?

Debería armar a la novia de Frankenstein: con la maldad de una Yanina Latorre, con la desfachatez de todas las Angelitas de LAM juntas, con la cultura de una Carolina Amoroso, el descaro de un Fernando Peña y la gracia de una Niní Marshall (¿tanto así? Bueno, no, pero si no, se me cae el texto).

¿Cuál es el conflicto?

Rebeca, muy tuitera (@Rebevolutions), hace tiempo que viene tomando a Ismael Serrano como punto. Dado que “Elcantautoralque…” está siempre presente con su mística melancólica en cada tertulia izquierdista festiva que se arma cuando los obreros toman una fábrica o los estudiantes protestan contra un genocidio inventado, Rebeca lo carga. Algo así como “encima que la están pasando mal, te cae Ismael con la guitarra”.

Una chanza chusca, pero chanza al fin.

Lo que para cualquiera es una pelusa en el saco, para Ismael es una patada en el banquito moral en el que está parado.

¿Cómo alguien osa no respetar la solemnidad de una colectividad que sufre porque a sus mujeres no las dejan ir vestidas con la moda Asurín? ¿De qué cloaca sale la saltimbanqui ésta que desoye el llamado ancestral de tres árboles que van a ser cortados para que pase un arroyo y no se provoquen inundaciones, sin pensar en el final del mundo por el cambio climático? ¿Cómo existe en la tierra alguien que pueda hacer retales, chapuza y pastiche con algo tan sagrado como la Flotilla de Greta? ¿Quién se cree que es esta gilipollas para venir a reírse de mí, que represento a la sacrosanta poesía progresista? Si estoy del lado bueno de la historia, ¡mentecata!

Rebeca hace sátira, jode, insiste, insiste.

Tanto insistió que un día Ismael gritó “¡Basta!”.

¿Qué lo había molestado?

Que cada vez que había algo referido a la izquierda, Rebeca lo nombraba jocosamente en un tuit.

La morocha tuiteó: “Celtas Cortos, Vetusta Morla e Ismael Serrano. Y cicuta, por favor. Con dos hielos”; y otro día: “Escuchar a Ismael Serrano me hace caer en un estado de casi depresión, de posguerra, de no llore madre y padre cuide de ella, de mendrugos de pan y arrope, de estraperlo. Me pongo en blanco y negro”. Y otro día: “Yo he tenido que comprobar que seguíamos en 2024 y que el padre de Ismael Serrano no andaba cerca contando otra vez lo del 68”. Y otro día: “Macaco, Rozalén, Ismael Serrano y otros tantos cantando triste y flojito para frenar a la ultraderecha. No le veo fisuras al plan”. Y otro día, sobre un manifiesto: “Dime que Juan Diego Botto, Rozalén, Ismael Serrano y Javier Bardem han firmado o no lo doy por bueno”.

En julio del año pasado, la discusión fue pública: Serrano tuiteó, Rebeca contestó pim, pam, pum. A la tarde, el cantante le mandó mensaje privado a la periodista e hicieron las paces, reconociendo que los dos se fueron de mambo y acá no ha pasado nada; se firmó el armisticio.

Pero ahora ustedes ya saben cómo es Rebeca.

A los pocos meses volvió a las pullas y se justificó con una humorada. Es que Serrano versionó una canción del grupo Extremoduro, grupo del que Rebeca parece ser fan. ¡Para qué! La chistosa agarró el telefonito y dijo por X que por esa versión lo bloqueó “porque hasta yo tengo un límite”.

Fin de la tregua.

Tuits van, tuits vienen, los muchachos se entretienen; Marruecos invade España en Ceuta y la picarona tuitea: “De verdad que a los ceutíes sólo le falta ya que vaya Ismael Serrano a cantarles algo esta noche…”.

Todo explotó el jueves con un hilo de “Elcantanteque…” que muestra el golpe brutal que recibe alguien cuando le dan una patada al banquito de la superioridad moral y se cae de culo sobre el suelo raso, bien lejos de sus altos ideales.

Lo transcribo porque todavía no lo puedo creer.

Recuerdo: todo este mogollón de palabras vacías, de lugares comunes, es porque una periodista se reía de lo que el cantante encarna, de la solemnidad petulante que se aplaude como buena, imposibilitada de reírse de sí misma:

Imagínenlo con gesto adusto y rayitas en la frente: estos son algunos de los tuits del hilo de Ismael, en donde cuenta el desarrollo de la relación y termina a toda orquesta:

Pensé mucho si hacer pública esta conversación. Pero creo que retrata bastante bien cómo ciertos personajes, rehenes de la necesidad de atención y obsesionados por ganar visibilidad y followers, acaban abrazando la crueldad a la hora de expresarse en este medio.

Al poco tiempo volvió a insultarme. No había interaccionado con ella desde nuestros mensajes. De hecho apenas había escrito posts en esta red en la que cada vez participo menos porque se ha convertido en un lodazal.

¿Por qué de nuevo el insulto? La crueldad es premiada en esta red y Rebeca ha sabido entenderlo. Creo que ha sabido reconocer que el odio te da más visibilidad. Que el intento de humillar al contrario se traduce en seguidores y retuits. Y, de paso, en lecturas a tu columna.

Hay quien está sumándose a esa tendencia del periodista canallita, que insulta y trata de humillar a aquel que no piensa como él, porque supongo que no hay nada más embriagador que las risotadas de la turba que celebra el acoso.

Y porque la crueldad se ha vuelto una tendencia cool para algunos. Ser el villano resulta atractivo. Lo contrario es ñoño. Y no hay nada como acusar de falsa sensiblería al prójimo para justificar tu falta de sensibilidad.

Ojalá hubiera otra forma de dialogar en esta red. Algún día ser cruel volverá a dar vergüenza. (¡Qué ganas de agregar “¡Qué suerte que seas tan buena, reina!”).

A lo que Rebeca contestó: “El hilo de Elcantautorquenopuedesernombradoporquellora contiene algunas inexactitudes, al menos dos mentiras y un filtro valencia para ser guapo y es posible que hasta un delito. Ahora estoy de cañas (cervezas) pero luego escribo yo mi versión que también sé hacer hilos turras (pesados)”. Después anunció en broma que firmaría discos Serrano en El Corte Inglés y, para terminar, porque es turrita, tuiteó: “Seamos amigos, Isma. Ya me dedico yo una canción en tu nombre. Me hiero para sentirme viva. Y pongo un ángel para sentirme buena. (¿Ves? No somos tan distintos)”, y puso imagen de angelito.

La mentira a la que se refiere es que, a pesar de lo que dice el cantante, sí, éste le contestó públicamente varias veces, pero vamos a lo importante.

Le pueden al protagonista no causar gracia los chistes chuscos, obviamente. De ahí a pensarlos como “insultos” es tener una valoración muy alta de sí mismo. Como artista popular, está expuesto a la consideración pública. “Humillación” y “odio” parecen ser palabras demasiado grandes para algo tan pequeño como la calificación de “aburrido” que se le endilga.

La sátira tiene en España tradición y valor.

Es Quevedo contra Góngora en el siglo XVII, un siglo de oro con lenguas karatecas. Góngora riéndose de la cojera de Quevedo y éste devolviéndosela con “Érase un hombre a una nariz pegado”, en “A una nariz”.

Es Mariano José de Larra, periodista que firmaba como Fígaro, que se mató un lunes de carnaval de 1837 a los 27 años, pero antes escribió textos exquisitos tomándole el pelo a todo el mundo. Larra contó Madrid casi como Roberto Arlt contó Buenos Aires, metiéndose con sus personajes y circunstancias. Hay que leer “El castellano viejo” para ver que la sátira es la mejor radiografía de la impostura y la grandilocuencia y que su uso siempre, siempre, es una manera de decir que el rey está desnudo.

Es Valle-Inclán y, más cerca en el tiempo, es Gila preguntando por teléfono durante la guerra: “¿Es el enemigo?”.

En esa tradición se inscribe Rebeca, con mayor o menor gracia, pero quizás haya que dejar conceptos como “odio” y “humillación” para eventos mayores como, por ejemplo, el abandono que sufren los ceutíes después de casi dos meses de invasión, situación que al cantautor comprometido no le ha motivado a decir una sola palabra.

Si el chiste duele, es porque, como se dice en argot tuitero argentino, “entró la balubi” (perdón por usar la expresión, me había jurado no hacerlo jamás, pero es para que se entienda el lore y nadie quede con fomo; mátenme, tienen derecho).

Encima, la inclasificable Rebeca —”de derechas”, como la categorizan en España— acaba de aprovechar una boutade de Irene Montero —política de Podemos, a la izquierda de la izquierda, que dijo que quiere ser candidata a presidenta del país por su partido en elecciones tan abiertas que van a permitir que cualquiera se presente y cualquiera vote— para otra de sus bromas. Se presenta como “candidata a candidata de presidente de Podemos” con un programa de gobierno que va desde prohibir el cáncer por decreto hasta extender, también por decreto, el centro de Madrid hasta Toledo, así todos pueden vivir en el centro de Madrid pagando poco. ¿Su eslogan? “Irene no pudo, votá Argudo”.

Esa visión liviana de la vida es demasiado para el discurso de la solemnidad grandilocuente que no puede parar de marcar con el dedito las causas que deben preocupar a todos, so pena de ser ninguneado o, peor, clausurado.

No, Ismael, no siempre las redes son “un lodazal” que “premia la crueldad”.

A veces simplemente es gente riéndose.

No con vos.

De vos.

Revista Seúl




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