OPINIÓN
Néstor Kirchner dilapidó todos sus logros económicos iniciales para hacer de la Argentina el laboratorio de un experimento social estrafalario y delirante: el socialismo del siglo XXI que le propuso Hugo Chávez
Por Carlos Salvador La Rosa
Javier Milei busca hacer lo mismo, pero con signo ideológico opuesto: el anarcocapitalismo que le propone Peter Thiel y apadrina Donald Trump.
Si Javier Milei consiguiera sostener una macroeconomía estable que no solo sobreviva a sus cuatro años, sino que lo trascienda (sea o no reelecto) como prácticamente tiene todo el resto de América Latina, sin inflación, sin déficit, pero también sin ajuste permanente sino con crecimiento permanente, quedaría Ok en la historia. Empezaríamos a ser un país normal, no uno que con cada cambio de gobierno vuelve a comenzar de cero otra vez. Mejor dicho, de menos cero porque siempre caemos un poquito más abajo.
En otras palabras, si el presidente consigue que luego de él no se vuelva nunca más atrás en lo que hizo correctamente (que no puede ser sino en lo económico, porque en el resto de las cosas -ideología, política, cultura- es un populista más) quedará muy bien parado para la posteridad.
Pero para ello, existe una condición sine qua non: que la muy probable consolidación de sus esfuerzos económicos, no los busque utilizar para un experimento político y social ridículo como hizo Néstor Kirchner con los logros económicos heredados de Duhalde, Remes Lenicov y Lavagna (los cuáles no fueron pocos; no los mismos de Milei, pero ni peores ni menos) que los terminó poniendo al servicio de un proyecto político continental pero retrógrado, al querer convertir la Argentina en una república bolivariana socialista siglo XXI. Una especie de hermana mayor de la Venezuela chavista. Tarea que prosiguió con aún más extraordinario fervor su esposa, cuando él falleció.
En consecuencia, al poner Néstor Kirchner los éxitos logrados en la economía al servicio de un proyecto delirante (cosa que no hizo Lula a pesar de participar ideológicamente en muchos de los conceptos de esta nueva-vieja izquierda latinoamericana) se los gastó todos en nada y no dejó herencia alguna.
Viendo eso antecedente, deberíamos preocuparnos también hoy, porque Milei está haciendo por derecha algo parecido a Kirchner: transformar a la Argentina en un laboratorio experimental del desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) mundial desde una concepción anarcocapitalista, o sea, sin control social alguno más que el de sus poderosos dueños.
Lo mismo que Kirchner hizo con Chávez, Milei lo quiere hacer con Thiel, Musk, sus amigos lunáticos libertarios y el padrinazgo de Trump que, aunque no sea libertario en lo económico, considera a Milei como enteramente suyo.
Sería una enorme pena que, en vez de utilizar el nuevo requerimiento mundial de nuestros recursos naturales para transformarnos en un país normal, lo utilicemos (y a la postre destruyamos) en excentricidades. Hoy el desarrollo universal de la IA necesita nuestros recursos naturales basados en la minería y la energía tanto como China necesitó nuestra soja, maíz y trigo en cantidades siderales a principios de este siglo. No obstante, corremos el riesgo de perder nuevamente una oportunidad otra vez excepcional: los dólares obtenidos por el valor creciente de nuestros recursos desperdiciados porque se los pone al servicio de un proyecto político que se va a "comer" lo generado por todos esos recursos sin mejorar la vida de nadie. Porque las locuras y los delirios en política cuestan carísimo.
Kirchner se propuso crear con Chávez el gasoducto más grande del mundo entre Venezuela y Argentina (un delirio imposible). Para desendeudarse del FMI se endeudó a una tasa infinitamente mayor con Chávez (un pésimo negocio ideologista). Re estatizó todas las empresas privatizadas al congelar las tarifas de servicios públicos, con lo cual de hecho utilizó al subsidio como una medida demagógica que primero quebró a las privatizadas y luego cuando las empresas volvieron a manos del Estado quebró al Estado (populismo en estado puro). En fin, construyó con los recursos generado por las exportaciones excepcionalmente extraordinarias, un Estado subsidiador e ineficiente, destinado indefectiblemente a la quiebra. Y, como frutilla del postre, luego de fallecido, su esposa buscó firmar un pacto con los genocidas iraníes de la Amia por pedido de Hugo Chávez. Todo mal.
Pues bien, así como Chávez convenció a Kirchner de transformar a la Argentina en un laboratorio de su "Frankenstein" socialista siglo XXI, ahora Peter Thiel y Elon Musk están convenciendo a Milei de transformar a la Argentina en un laboratorio de su "Frankenstein" anarcolibertario. Buscan usar a la Argentina como prueba piloto de un proyecto mucho mayor. Un conejillo de indias por si las cosas no salen como las tienen pensadas estos clones reales multimillonarios y super tecnologizados de los villanos ficcionales de las películas de James Bond
La utopía de estos magnates surgidos de Silicon Valley, que quieren concentrar en sus solas manos el monopolio de los desarrollos de la IA, es la de un mundo tecno- feudal, que se maneje con tecnologías futuristas (muchas de las cuales ya están entre nosotros) al estilo de las que se ven en películas como la saga de "La guerra de las galaxias", pero conduciéndolas desde un sistema de organización política parecido al de la Edad Media occidental, con siervos, vasallos, señores feudales, caballeros del rey y cortesanos, todos a las órdenes de monarcas absolutos o déspotas ilustrados que presiden este supuesto nuevo mundo.
En otras palabras, religión medieval como tipo de organización social y una política tecnológica no para que se incorpore, se sume, se agregue a la democracia tradicional de Occidente, sino para que venga a reemplazar -destruyéndolas- las instituciones republicanas, las universidades clásicas, las burocracias internacionales y los contrapoderes periodísticos, que ellos suponen son las principales trabas para permitir el desarrollo tecnológico que cambiará por completo a la humanidad.
Por eso el nuevo mundo que se proponen los "Silicon Valley boys" está en guerra total contra el mundo que hoy existe, aunque surja de sus entrañas. No es un desafío externo al sistema político occidental, sino totalmente interno. Y aclaremos, un ataque no sólo a los defectos del actual sistema político occidental, que son muchos, sino principalmente a sus virtudes, que son a las que en realidad quieren hacer desaparecer.
Sintetizando, estos tipos tienen un sistema en la cabeza que no es nuevo sino viejo, aunque su escenografía sea futurista, y su héroe sea alguien parecido a Darth Vader, el villano de "La guerra de las galaxias". Se autodenominan "la ilustración oscura" pero en realidad expresan solo un ataque más contra la ilustración, lo que suele ocurrir un par de veces en cada siglo en el Occidente moderno.
Si este proyecto se experimenta en la Argentina, no solo fracasará, que es lo de menos, sino que fracasará lo bueno que está logrando Milei en economía, que es lo que nos podría abrir la puerta para empezar a salir de una vez y para siempre de la decadencia interna secular. O sea que, en el fondo, lo que le estamos pidiendo a Milei es bastante poco: que no arruine lo que ya consiguió en economía por el capricho de querer ponerlo al servicio de ideas, proyectos y personas ideológica y políticamente estrafalarias. Que no repita por derecha lo que los Kirchner hicieron por izquierda.
Muchos dicen que esas estupideces anarcolibertarias que predica Milei no son significativas, porque son meras palabras, mientras que en los hechos su gobierno está ejecutando un liberalismo económico razonable, aún con sus errores. Pero esa no es la verdad: Milei hace tiempo que viene intentando transformar a la Argentina en un experimento anarcocapitalista, y ahora la presencia permanente en nuestro país de Peter Thiel, principal ideológo tecnológico de esa corriente, poseedor además de una fortuna de 30 mil millones de dólares y que ha puesto todas sus empresas de IA al servicio del armamentismo de Trump, nos hace pensar que estamos ante algo más que meras divagaciones teóricas.
Milei empezó a experimentar estos delirios a inicios de su gobierno con el pie izquierdo: lo hizo con lo que dio en llamarse el Libragate, un intento que terminó en estafa, en corrupción lisa y llana, pero que intentó venderse como una alternativa para tender hacia un sistema de privatización de la moneda pública reemplazándola por una cripto, o bit coin o moneda virtual, como se la quiera llamar y que ya aplicó el presidente Bukele en El Salvador con resultados catastróficos que lo obligaron a dar marcha atrás. Sea o no parte de la corrupción, lo cierto es que Milei se asoció para llevar a cabo este estrepitoso fracaso con personajes como Mauricio Novelli, Hayden Mark Davis y Julian Peh, un club de cripto chantas además de delincuentes, del cual luego se querría colgar Manuel Adorni para justificar sus injustificables ingresos "post ingreso" a la función pública.
Este año se asoció al Consejo de la Paz, una organización supuestamente internacional creada por Donald Trump que busca reemplazar a la ONU, donde está toda la humanidad, por un grupo de países (muchos de ellos meros gatos locos) que ni siquiera son todos aliados estratégicos de EEUU, sino privadamente de Trump.
Y ahora busca crear empresas no solo manejadas por Inteligencia Artificial sino también de exclusiva propiedad no humana. Como le propone Thiel. Incluso Milei avanzó un paso más al decir textualmente en un foro empresario: “¿Por qué no probar con el político robot?”, se preguntó al analizar ese escenario hipotético.
O reemplazar al Estado en sus funciones esenciales por seguros privados como le proponen sus increíbles amigos anarcolibertarios, de los cuales se pasa obsequiando libros a sus ministros. "Si ustedes quieren achicar el Estado, necesitan generar los seguros que permitan sustituir la acción del Estado por el mercado de seguros”, dijo Milei en el Latam Economic Forum.
Si sigue así, aún con la ideología contraria a la Kirchner, terminará igual que él. Quebrando su liberalismo económico al ponerlo al servicio de su libertarismo (la versión por derecha del boliviarismo chavo kirchnerista), una ideología nefasta que, aunque dice marchar con las tendencias tecnológicas y económicas mundiales, es una forma de organización social y política retrógrada, medieval, reaccionaria, la cual solo busca que los beneficios maravillosos de las nuevas tecnologías queden en manos de cuatro o cinco ambiciosos multimillonarios ideológicamente esperpénticos, en vez de compartir sus logros con toda la humanidad.
Hoy se pretende convertir a la Argentina en el conejillo de indias, en el gabinete o laboratorio de experimentación de esas nuevas teorías, porque es el único país del mundo que tiene un presidente que defiende esa ideología anarcolibertaria, que los dueños de las tecnologías de la IA consideran como la que más los puede justificar para concentrar en sus solas manos el poder político, tecnológico, cultural y social del futuro que se aproxima o que ya está entre nosotros, porque las teorías que sustenta el anarcocapitalismo los libera absolutamente de cualquier tipo de control político o social.
El problema para nosotros es que, fracase o no en la Argentina el experimento que MIlei les ha comprado a los Thiel, los Musk y sus amigos, a ellos no les ocasionará mayor daño porque tienen espaldas de sobra para volver a intentarlo en cualquier otro lugar del mundo. Sin embargo, para el gobierno de Milei, y sobre todo para el país y su gente, esto de seguir adelante puede transformarse en otro desastre irremontable.
Tenemos al alcance de nuestras manos un nuevo boom mundial en la valoración de recursos naturales que a nosotros nos sobran, justamente los que se necesitan para la IA, minería, energía... desde Vaca Muerta en el sur hasta Litio en el norte. Esperemos que se los use en beneficio del país y no se lo ponga al servicio de un nuevo experimento tan horroroso como el chavista, aunque sea de signo ideológico contrario. Hoy más que nunca se hace imperioso recordar el "Argentino a las cosas".
La Inteligencia Artificial en debate mundial
Al menos en el presente, la cuestión urgente a debatir no es cómo será un mundo manejado por una IA fuera del control humano. Esa discusión quizá será central en un mañana próximo, pero hoy la cuestión esencial es el manejo de los humanos que se la quieren apropiar como sus dueños, únicos y concentrados. Por eso la antipatía de los Peter Thiel ante la democracia, o sea hacia la participación de todos y ante la república o la división de poderes. Por eso su defensa ideológica de los monopolios bajo la filosofía que el triunfo del más fuerte es el triunfo del más meritorio.
Estamos atravesando una etapa de debate moral sobre el uso de la IA, como en el siglo pasado lo fue con la energía atómica, más que acerca de sus innegables potencialidades. Recordemos sino Hiroshima y Nagasaki, el primer uso real del nuevo prodigio tecnológico de aquel entonces.
Hoy el tema es parecido, necesitamos primero que nada discutir sobre el uso y regulación de los nuevos avances científicos antes que sobre el progreso civilizatorio que indudablemente producen. El peligro, al menos por ahora, no son las tecnologías sino los aprendices de brujos que se apoderan de ella.
Por eso hoy la IA enfrenta a los que quieren devenir sus dueños monopólicos para crear un mundo a su imagen y semejanza con la excusa de liberar el desarrollo tecnológico de toda traba burocrática, versus los que exigen un control político y social junto a una valoración ética de su uso. De un lado Donald Trump, Elon Musk, Peter Thiel y un colado argentino: Javier Milei….. Del otro lado, el Papa León XIV, el empresario tecnólogo Darío Amodei de Anthropic, intelectuales como Yuval Noah Harari o Giuliano da Empoli, los presidentes europeos occidentales en general…. Usted elige, pero se trata de dos concepciones absolutamente opuestas de entender el mundo.
Anexo anarcolibertario
La propuesta global de Peter Thiel es una expresión acabada en contra de toda regulación a las grandes empresas y contra toda forma de acción colectiva que pretenda la fuerza del Estado a modo de control social. Toda regulación, la que fuera, según las propias palabras del magnate, es demoníaca. En lo económico, en lo ambiental, en lo impositivo, en absolutamente todo. “Para Thiel, las regulaciones y los controles son amenazas existenciales y espirituales para la humanidad”, dice un experto.
Thiel tiene como colaborador principal a un científico y teórico social llamado Eric Weinstein quien está llevando a cabo la guerra desde las redes contra la universidad tradicional y los medios de comunicación clásicos. O sea, contra dos instituciones que vienen desde la Edad Media y desde la creación de la imprenta por Gutenberg. Cree que las universidades y la prensa se oponen culturalmente al progreso, que para él hoy está surgiendo de los marginales al sistema académico y mediático instituido. La vanguardia del pensamiento para Weinstein son los “pensadores dark web”, que son “los que fueron expulsados de las universidades, ignorados por los medios y ridiculizados por el establishment”. No busca un reemplazo de personas, sino de instituciones seculares. No dice con qué las reemplazará, pero sí que deben ser sacadas del medio para que el progreso científico avance sin restricciones. Frankenstein en estado puro.
Además de inspirarse en esas ideas, Milei defiende ardorosamente a los principales pensadores anarcolibertarios. Los que podríamos llamar los tres chiflados (Jesús Huerta de Soto, Walter Block y Robert P. Murphy) que son discípulos de un padre igual de chiflado: Murray Rothbard.
Para verificar que no exageramos ni denigramos con la definición de chiflados, veamos muy brevemente las principales ideas de estos anarco libertarios, a los que el presidente Milei defiende en su integralidad, aunque aún no puede aplicar integralmente todas sus ideas. Por eso va de a poco, pero va.
Murray Rothbard afirma que las transacciones de órganos (en vida o post-mortem) deben regularse únicamente mediante contratos voluntarios entre las partes.
Según él, los padres no tienen la obligación legal de alimentar, vestir o educar a sus hijos. Al no haber un contrato previo con el recién nacido, obligarlos implica una forma de "trabajo forzado" según su doctrina-
Defiende el Derecho al abandono pasivo: Un padre tiene el derecho legal de no socorrer y dejar morir a un hijo por inanición pasiva, aunque moralmente sea condenable.
Eliminaría el sistema estatal de adopción y crearía un "floreciente mercado libre de niños" que, según él, beneficiaría a los menores al asignarlos a familias que realmente los valoran económicamente
Robert P. Murphy en su libro “La teoría del caos” propone demostrar la valía de un modelo al que llama “anarquía de mercado”, que consiste en eliminar el Estado y el gobierno para establecer, en su lugar, un sistema legal que funcionaría exclusivamente mediante contratos entre individuos y compañías de seguros. Agencias de arbitraje también privadas actuarían en caso de conflicto. La reputación y la presión de mercado reemplazarían al poder público.
En la hipótesis de Murphy, las aseguradoras reemplazarían a la policía, a la justicia y hasta los ejércitos.
Llega incluso a imaginar un “mercado de bebés a pleno funcionamiento, en el que los privilegios de paternidad se venderían al mejor postor”.
Siguiendo a Murphy, en un reciente discurso, el presidente Milei sugirió ir imaginando (y legislando) contratos de seguros entre privados que reemplacen todas las actividades del Estado y lo dijo literalmente así: “Si desarrollamos un mercado privado de seguros que sea competitivo, profundo y completo, la justificación para que el Estado intervenga en esas áreas desaparece por sí sola. Si ustedes quieren achicar el Estado, necesitan generar los seguros que permitan sustituir la acción del Estado por el mercado de seguros”, sostuvo el presidente en el Latam Economic Forum.
Walter Block, el autor de “Defender lo indefendible”, es aún más desopilante: Está en contra de la justicia social, pero la reemplaza por la función social positiva de las actividades hoy delictivas que él defiende como agentes positivos de la libertad:
Al proxeneta lo define como un intermediario que organiza y facilita intercambios en el mercado sexual.
Al narcotraficante como un proveedor que responde a una demanda existente y voluntaria.
Del chantajista dice que no comete una agresión ilegítima cuando amenaza con revelar información verdadera a cambio de dinero. En su razonamiento, si la información es obtenida sin violencia y su difusión es legal, el ofrecimiento de no publicarla a cambio de un pago constituye una transacción voluntaria entre adultos responsables.
Apoya fervorosamente el blanqueo de dinero realizado por actores privados ya que no constituye un delito en sí mismo, siempre que no implique violencia directa.
Del mismo modo, la difusión de información falsa debería ser tolerada siempre que no implique agresión física. Desde su óptica, el derecho a expresarse incluye incluso el derecho a mentir, y cualquier intento estatal de sancionar la difamación constituye una restricción indebida a la libertad de expresión.
Ve al usurero como un actor necesario que asume riesgos que otros no están dispuestos a tomar.
Sostiene que arrojar residuos es una conducta aceptable mientras no viole derechos de propiedad claramente definidos.
Con la misma lógica anarco libertaria, defiende la esclavitud voluntaria y el trabajo infantil como actividades lícitas y decentes.
Jesús Huerta de Soto dice que todas las funciones del Estado (incluyendo la seguridad, la justicia y la moneda) pueden y deben ser provistas de manera privada y voluntaria por el mercado.
Sostiene que las crisis y recesiones mundiales no son fallos inherentes al capitalismo, sino la consecuencia de que los bancos centrales fijen tasas de interés artificialmente bajas. Esto provoca inversiones erróneas (burbujas) que eventualmente deben corregirse. Para eso propone como meta final, una sociedad sin Estado. No con menos Estado sino con ningún tipo de Estado.
Esa es la utopía final del pensamiento que defiende a ultranza el hombre con más poder político e institucional de la Argentina.
LOS ANDES

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