OPINIÓN
La izquierda española descubre lo que los argentinos sabemos hace años: que un presidente incluya a sus hijos en sus negocios turbios no es lawfare
“Ser socialista es tener poco y compartir mucho”, dijo José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente español.
Raro el concepto de “poco” para Zapatero.
En su patrimonio hay una cuenta compartida con su mujer de 1.500.000 de euros; un chalet en Lanzarote (Islas Canarias) valuado hoy en el mercado en más de 1.300.000 euros; un chalet en Aravaca (Madrid) de 2.000.000 de euros; una finca en Puerta de Hierro (qué recuerdos, ¡googleen, mocosos!) de 2.000.000 de euros; un departamento para cada una de sus hijas en Madrid (300.000 euros cada uno).
Claro, vive alquilando el pobre en el exclusivísimo barrio de Las Rozas (con z, andá a saber por qué), donde un departamento como el que comparte con su mujer Sonsoles Espinosa no baja de los 6.000 euros por mes y puede llegar a 10.000.
O sea, para Rodríguez Zapatero esta millonada de euros es “poco”.
O no se considerará socialista.
El martes, al socialista que tiene poco y comparte mucho, el juez José Luis Calama lo imputó por “pertenencia a organización criminal, tráfico de influencias, apropiación indebida, falsedad documental y blanqueo de capitales”.
Apenas se conoció la noticia, las focas aplaudidoras —políticos y periodistas— entonaron a coro: “¡Lawfare!”.
Es que Zapatero no es sólo un expresidente que manejó España entre 2004 y 2011.
Es, como dicen los gallegos (bueno, se entiende), un “icono” (sin acento en la i, ellos lo dicen así), “un icono de la izquierda”.
Pero lo del lawfare duró menos de un día.
En esa misma tarde de martes se dio a conocer el auto de procesamiento, o sea, la explicación del juez de qué indicios tenía para la imputación.
Y es verdaderamente demoledor.
El juzgado asegura que hay una estructura organizada y estable dirigida por José Luis Rodríguez Zapatero, orientada al ejercicio ilícito de influencias ante autoridades nacionales y extranjeras, con el objetivo de obtener resoluciones administrativas y ventajas económicas a favor de terceros (principalmente empresas), a cambio de contraprestaciones económicas.
Ahí ya las agrupaciones a la izquierda del gobernante PSOE, aliados necesarios para que el partido del Pedrosánche siga en el Gobierno, empezaron a recular en chancletas: “Bueno, que la justicia decida” y “nunca puse las manos en el fuego por nadie” y pronto “¿Qué Zapatero?, ¿el ultraderechista?”, vamos, el repertorio habitual.
Había que ver el martes a la mañana la cara de sorprendidos que ponían unos cuantos periodistas televisivos, como si la prensa tan humillada por el poder del PSOE no hubiese venido contando todo desde hace años.
Que la familia multiplicó su patrimonio inmobiliario entre 90 y 115 veces desde 2011 no les llamaba la atención a quienes el martes seguían diciendo “nunca lo vi interesado en el dinero, ¡qué raro!”.
El primer caso —del que ya se tenía mucho conocimiento, no sólo por el libro de Ketty Garat y que en este newsletter se viene contando desde hace un año (podés leer esta nota y esta otra) es el del salvataje de la empresa venezolana Plus Ultra.
Una de piratas, digamos.
En la pandemia, los países decidieron con buen tino salvar a las empresas de aviación considerándolas estratégicas. En España ayudaron a Air Europa (un hecho en el que presuntamente estaría salpicada de corrupción la esposa del Pedrosánche, Begonia) y a Plus Ultra.
Lo raro de Plus Ultra es que era una empresa con capitales mayoritariamente venezolanos, sin aviones propios (sólo cuatro alquilados), que representaba sólo el 0,003% de la aviación española, que tenía deudas (que las ocultaron porque el salvataje no era permitido para empresas con deudas) y sin liquidez para operar con normalidad, con pocos empleados.
¿Cómo ibas a considerar “estratégica” una empresa tan insignificante que, además, nadie conocía? Es más, una de las deudas más importantes Plus Ultra la tenía con la Seguridad Social, esto es, con el Estado español.
Y acá es donde empieza la guerra de mafias del PSOE, porque esto también va de peleas de “familias” dentro del partido gobernante.
Lo cuenta Ketty en su libro y queda clarito en el auto de procesamiento.
Dentro del PSOE estaban “los contratistas”, los más chapuceros, glotones de la corrupción que un día se encontraron con todo el queso y les salió el alma de ratas. Lo forman los hoy presos José Luis Ábalos (exministro de Obras Públicas, figura importantísima dentro del PSOE, conocido putañero), su mano derecha Koldo García y el prontamente en cana Santos Cerdán (diputado y también figura importantísima dentro del PSOE), todos ellos intimísimos del Pedrosánche.
Pero había un grupo más elegante, el de los “lobbistas”, con proyección internacional y múltiples subterfugios.
O sea, los que manejaban la guita en serio con José Luis Rodríguez Zapatero: el pilar del PSOE y compañero inseparable de Pedrosánche.
Entre uno y otro grupo, un “empresario” hoy también preso: Víctor de Aldama, quien era el que originalmente tenía el contacto con la dictadura venezolana, aceitada especialmente por su relación “de íntima amistad” con la ahora títere de Trump, Delcy Rodríguez, nombrada en el auto de procesamiento como “la dama”.
Los dueños venezolanos de Plus Ultra, al ver que España estaba salvando empresas, decidieron ir por las dos vertientes de los conseguidores españoles, a ver si pescaban algo.
Fueron por el lado de los contratistas y por el lado de los lobbistas.
Se decidieron por los lobbistas, por Zapatero, con la intermediación de Aldama.
Comenzaba así la declinación del poder de los “contratistas” de Ábalos y la mayor injerencia sobre el gobierno de los “lobbistas” de Zapatero.
O sea, los Corleone le ganan a los Barzini.
¿Tiene algo de delictivo que Zapatero haga lobby por Plus Ultra?
En principio, no.
Pero cuando te ponés a ver, ¡mamita querida!
Como quedó dicho, Plus Ultra tenía deudas con la Seguridad Social española, lo que le prohibía recibir el salvataje.
Poco antes de que la empresa presentase los imprescindibles certificados de que no tenía deuda para poder recibir el salvataje, Rodríguez Zapatero se reunió con José Luis Escrivá, el entonces ministro responsable de ese certificado.
Hoy Escrivá es gobernador del Banco de España y no sería raro que termine obligado a declarar frente a la justicia.
Levantado ese impedimento nadie sabe bien cómo, quedaba otro, más difícil aún.
El salvataje de 53 millones de euros (que la empresa no está devolviendo como debería) tenía que ser aprobado por el Consejo de Ministros, donde, como su nombre lo indica, están todos los ministros del Gobierno. Como en España es un gobierno de coalición, no estaban ahí sólo los del PSOE: también estaban, entre otros, Pablo Iglesias y Yolanda Díaz del entonces Unidas Podemos, la izquierda a la izquierda de los socialistas.
¿Cómo consiguió Zapatero que todos ellos aprobaran algo a todas luces imposible?
Es algo que ahora todo el mundo se pregunta.
Lo que el juez sí contesta ahora es que hubo un contrato entre Plus Ultra e Idella Consulenza Stratégica SL por el cual la aeronáutica le pagó 1% del salvataje por sus gestiones.
¿Qué tiene que ver Idella con Zapatero?
En principio es de Julio Martínez Martínez (Julito, para los amigos, como Zapatero, también imputado) y ahí empieza todo el disfraz de empresas que consiguen que al final los 530.000 euros terminen en las arcas de Zapatero.
Una de esas empresas tiene el simpático nombre de What the Fav y pertenece a… las hijas de Zapatero.
Las “chicas”, como insisten en decirle los medios afines al sanchismo —Alba, 29; Laura, 30—, cobraron más de medio millón de euros por darle forma en su empresa digital a unos irrelevantes informes de Plus Ultra. Como es sábado a la mañana y otra cosa mejor no hay, dejo acá el Instagram de What the Fav, a ver si les parece que esta empresa, sin trayectoria, sin clientes, sin presencia en el ecosistema digital español, puede haber cobrado eso.
Y lo de “sin clientes” es una manera de decir, porque “las chicas” borraron en estos días el nombre de la empresa Huawei que en algún momento figuró. Según el juez, What the Fav no desarrolla una actividad empresarial ordinaria, sino que actúa como vehículo instrumental para la generación de facturación ad hoc, la redistribución de fondos y la dotación de cobertura formal a operaciones económicas vinculadas al entramado. En una entrevista radial con Carlos Alsina (el programa más escuchado de la radio española), Zapatero contó de cuerpito gentil que hacía gestiones para que las empresas de la trama contrataran los servicios de la empresa de sus hijas.
¡Un padre corrupto metiendo en la matufia a sus hijas!
¿Dónde se ha visto?
¿Cómo se les ocurre?
Sí, los argentinos venimos del futuro, queridos españoles.
Acá ya pasó todo eso.
Para que quede claro: una empresa cuasivenezolana recibe del Estado español, gracias a los servicios de un expresidente español, icono de la izquierda, 53 millones de euros y parte de ese dinero sirve para pagar un inexistente trabajo de una inexistente compañía digital de las hijas del icono de la izquierda, que terminan devolviéndole el dinero a su padre.
Lo dice el juez, apenas comenzada la investigación.
La secretaria de toda la vida de Zapatero, Gertrudis Alcázar (imputada), está grabada preguntándole a un gestor de una de las empresas fantasmas si era mejor hacer una o varias facturas.
Según el auto de imputación, serían casi dos millones de euros los que el socialista que tiene poco y comparte mucho habría rasguñado del caso de la empresa aeronáutica.
Pero lo de Plus Ultra, si bien da vergüencita, es sólo la punta del iceberg (los españoles dicen “iceberg”, como se escribe, y yo, como soy tonto, cada vez que lo escucho me río, como icono sin acento en la i).
La plata grande venía por otro lado.
Del petróleo venezolano, como siempre la riqueza del país de Chávez se desparramó entre la izquierda europea, latinoamericana y el islamismo, pero nada llegó a los venezolanos, que tuvieron que agarrar la bicicleta y hacerse repartidores de pizza.
Desde 2019, Estados Unidos impuso sanciones muy duras contra PDVSA (la petrolera estatal venezolana). Esto generó varios problemas, ya que muchas empresas internacionales (incluidas chinas) evitaban tratar directamente con Venezuela por miedo a recibir sanciones, los pagos, seguros y transporte se volvían muy complicados y entonces preferían tener una capa intermedia que redujera su exposición directa al riesgo. Quien decidía la asignación de buques petroleros era nada más y nada menos que “la dama”, Delcy. ¿Cómo se llegaba a Delcy? A través de Zapatero, a cuya oficina los chinos debían enviarle una carta de pedido.
Tener a un expresidente español como figura visible daba credibilidad, protección política y facilidad para moverse entre Venezuela y el exterior sin levantar tantas sospechas.
Y acá se empiezan a llenar un montón de piezas de un rompecabezas inexplicable hasta ahora en el posicionamiento español en el mundo.
Bajo el Gobierno de Pedrosánche, España tomó varias actitudes que lo acercaron a las dictaduras venezolana, iraní y china (“estamos del mismo lado correcto de la historia”, le dijo el Pedrosánche a Xi Jinping, poniéndose del lado de un señor insospechable de defender los derechos humanos); sigue utilizando tecnología 5G y otras de la china Huawei (casualmente, clientes de What the Fav) pese a las recomendaciones explícitas de la Unión Europea; no felicitó a la premio Nobel María Corina Machado; permitió la visita de la dama Delcy a España cuando tenía expresamente prohibido pisar suelo europeo, y fue el primero en reabrir una embajada en Irán cuando se están produciendo matanzas y ahorcamientos diarios en Teherán.
El miércoles, en varios programas de la televisión española, entrevistaban a exiliados venezolanos para que agradecieran a Rodríguez Zapatero haber intercedido por ellos, ya que así se vendió el expresidente español, pero el tiro les salió por la culata. “¿Cómo vamos a agradecer al amigo de Delcy (Zapatero reconoció esa amistad en la misma entrevista radial) si era el que visitaba a los familiares de los presos a decirles que no se quejaran públicamente, si era el que le lavaba la cara al régimen, si nunca se preocupó por nosotros?”.
Muchos periodistas españoles se enteraban ahí que Zapatero les había mentido todos estos años.
Se ve que no supieron que Zapatero aceptó sin problemas el resultado de las últimas elecciones venezolanas dadas por la dictadura, ni que siguió su amistad con los hermanos Rodríguez, ni que mientras los veedores europeos no fueron permitidos de entrar al país, él anduvo zapatereando por ahí todo el tiempo, como los enviados chinos, iraníes o cubanos.
Lo que más patitiesos ha dejado a las focas aplaudidoras es que la investigación no se inicia —como una de las ministras dijo de cuerpito gentil, largando la mentira en una conferencia de prensa— en denuncias de organizaciones de “ultraderecha”, que es lo que siempre utiliza el Gobierno de Pedrosánche para desestimar cualquier cargo.
No.
En este caso hay dos solicitudes de cooperación internacional —de Estados Unidos y Francia— sobre una “organización criminal” que blanqueaba fondos “opacos” de Venezuela y que advertían se desviaban a Europa de forma ilegal.
Ni más ni menos que dinero procedente de, entre otros, programas de comida del chavismo (los CLAP, Comités Locales de Abastecimiento y Producción) y la venta de oro.
¿Y cómo se blanqueaba ese dinero?
Supuestamente, usando el salvataje de Plus Ultra, según el diario El País (que parece estar soltándole la mano al PSOE, lo que sería toda una novedad).
O sea, el icono de la izquierda robándose la plata de los pobres más pobres venezolanos. Porque hay que recordar que los CLAP fueron un curro inconmensurable de la dictadura venezolana, que compraba a precio de oro productos vencidos —harina, aceite y esas cosas que comen los pobres, como diría Susanita— y que, pese a ser incomible, era lo que el chavismo daba a los pobres para seguir sojuzgándolos.
¿Cómo afecta esto a Pedrosánche?
De todas las maneras posibles.
No se explican los últimos años del Gobierno del PSOE sin la sombra de José Luis Rodríguez Zapatero.
Sin el visto bueno del Gobierno español, Zapatero no hubiera podido hacer todo lo que el juez le imputa.
Ya hubo un José Luis Ábalos que dijo “soy feminista porque soy socialista” y ahora está preso por corrupto, después que se descubrió, además, que se la pasaba de orgía en orgía con putas (con su famosa frase sobre una prostituta: “La Carlota se enrolla que te cagas”).
Ahora está el que dice que ser socialista es tener poco y compartir mucho.
El 2 de junio tiene que ir a declarar.
Este lunes se levantará el secreto del sumario.
Y la izquierda española se preguntará entonces: “What the fav?”.
Revista Seúl

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