OPINIÓN
El caso minero demuestra cómo el fideicomiso puede funcionar como palanca para redirigir parte de la riqueza por la explotación de los recursos naturales a la sociedad

Cuando existe objetivo concreto, fiduciario idóneo, liderazgo técnico y transparencia en la gestión, este vehículo permite canalizar recursos en proyectos rentables con alto impacto social, mejorando la dignidad humana.
El agua potable es estructural para el desarrollo social no solo por su impacto en la salud, sino como factor clave para la mejora productiva, radicación por menor migración e impulso al desarrollo económico. En zonas semiáridas del país la crisis del agua limita toda actividad y por eso, las obras de abastecimiento, pozos, perforaciones, plantas y redes de distribución son inversiones estratégicas de alto impacto regional.
Garantizar agua es complejo porque exige alta inversión inicial, mantenimiento, planificación, calidad y management institucional para su operación eficiente. Sin embargo, los beneficios productivos inciden de lleno en salud pública, estabilidad comunitaria y cambio sinérgico. Entonces, se comprende la importancia de diseñar fideicomisos mixtos que, bien gestionados, pueden ser el salto estratégico para sumar tierras improductivas ya que, las fortalezas del fideicomiso pueden ser bien utilizadas por el Estado para energía, salud, vivienda, educación y red vial, con el plus de construir barreras anticorrupción.
En lo práctico, destacamos un caso ocurrido en la planta potabilizadora de Villa Mercedes, San Juan, que dejó sin agua a varias comunidades. Ante la emergencia, se destinaron fondos de dos fideicomisos mineros para una nueva perforación y reacondicionamiento de ella.
Analizando estos dos contratos, vemos que su objetivo es financiar infraestructura y servicios públicos en comunidades aledañas con recursos adicionales a las regalías y cofinanciamiento, por lo cual el fideicomiso actuó de puente para canalizar recursos, que podrían complementarse con fomento productivo. Pero debemos alertar sobre una debilidad clave ya que el fiduciario de ambos es el gobierno de San Juan, lo cual los expone por ser muy vulnerables ante abusos. Remarcamos este punto estructural por el riesgo que implica la falta de independencia del fiduciario, lo que se vio reflejado en varios de los fideicomisos que el gobierno dio de baja.
Volviendo a la importancia del objetivo de cada fideicomiso y su correcta estructuración, el derrame proviene de la mejora estructural que potencia la concreción de servicios, que para las comunidades significa la garantía para el crecimiento porque construye valor en salud, educación y producción.
El caso minero demuestra cómo el fideicomiso puede funcionar como palanca para redirigir parte de la riqueza por la explotación de los recursos naturales a la sociedad. Cuando existe objetivo concreto, fiduciario idóneo, liderazgo técnico y transparencia en la gestión, este vehículo permite canalizar recursos en proyectos rentables con alto impacto social, mejorando la dignidad humana.
La articulación entre Estado y privados en un fideicomiso permitió dar rápida solución a una emergencia sin depender exclusivamente del presupuesto público. Por eso el esquema basado en un fondo fiduciario con afectación específica y la ejecución bajo control público-privado, constituye un modelo replicable en todo el país.
Sin embargo, para que esto funcione adecuadamente es indispensable contar con una macro estable, presión fiscal razonable, seguridad jurídica, y por supuesto, proyectos profesionales rentables y sostenibles gestionados por privados idóneos, con fiduciarios de prestigio real.
Esto es fundamental porque Argentina arrastra experiencias negativas con los fideicomisos tipo caja negra de la política cuyos casos de corrupción debilitaron la confianza pública y motivaron su liquidación.
El aprendizaje confirma que los fideicomisos deben ser gestionados por fiduciarios independientes, pero sobre la base de proyectos de inversión sanos que cumplan estrictos controles con transparencia. Solo así podrán operar como verdaderos vectores del desarrollo humano, ante tantos casos de fideicomisos que hemos denunciado por su improvisación y/o corrupción.
En consecuencia, el buen uso del fideicomiso permite integrar virtuosamente bien común, proyectos atractivos y gestión responsable dando el entorno propicio para transformar recursos dispersos en calidad de vida y potencial productivo.
* El autor es doctor en Dirección de Empresas - MBA - Ingeniero Agrónomo. Profesor Titular de UCEMA
LOS ANDES
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