OPINIÓN
La política como factor de ruedo

Vuelvo a mirar la economía argentina y me encuentro con una constante que se repite una y otra vez: la política como factor de ruido. En medio de señales de cierta estabilización, aparece un elemento que condiciona todo: la incertidumbre. Y en ese punto, tiene parte de razón el ministro Luis Caputo cuando señala que el problema no pasa tanto por episodios puntuales, sino por la volatilidad política que condiciona expectativas.
Ahora bien, esa explicación es incompleta. Porque no se trata solamente del temor a un cambio de rumbo en el futuro, sino también de lo que ocurre hoy dentro del propio gobierno. Las tensiones internas, las diferencias de criterio y las señales contradictorias terminan afectando la confianza. Cuando un gobierno parece desordenado o enfrascado en disputas internas, la economía lo siente.
Esto impacta directamente en las decisiones de inversión. Tanto en proyectos de largo plazo, como los vinculados al régimen de incentivos, como en decisiones más inmediatas: créditos, consumo, financiamiento. Si el horizonte está marcado por la incertidumbre electoral, con un calendario que pone límites concretos, muchos prefieren esperar. Y en economía, esperar es muchas veces no invertir.
Pero además, hay otro nivel de conflicto que no se puede ignorar. Las internas dentro del gabinete, que incluso alcanzan al círculo más cercano del poder. La disputa entre Karina Milei y Santiago Caputo aparece como un eje central que atraviesa decisiones clave. Negar ese conflicto es, cuanto menos, ingenuo.
A eso se suman reacciones dispares ante situaciones similares dentro del propio gobierno. Mientras algunos funcionarios sostienen a sus equipos, otros optan por cortar por lo sano. Esa falta de criterios homogéneos no sólo expone diferencias, sino que debilita la idea de una conducción clara. Y sin conducción clara, es difícil construir previsibilidad.
En paralelo, el contexto económico muestra luces y sombras. Hay sectores que traccionan, como la energía, el campo o la minería. Pero el consumo sigue débil y atado a la falta de crédito y confianza. Incluso debates clave, como los marcos regulatorios para grandes inversiones, quedan atrapados en la disputa política, demorando decisiones millonarias.
Por eso, cuando uno analiza el escenario completo, la conclusión es inevitable: la política vuelve a convertirse en un obstáculo. No sólo por la incertidumbre electoral, sino por sus propias internas y contradicciones. En un momento donde la economía necesita señales claras y consistentes, la dirigencia parece más concentrada en sus disputas que en ordenar el rumbo. Y así, una vez más, la política termina frenando la recuperación.
Cadena 3
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