EE.UU.E IRÁN FRENAN LA GUERRA

OPINIÓN

Pero sin resolver el conflicto de fondo


Por José Antonio Friedl Zapata 

Estados Unidos e Irán acordaron una tregua de dos semanas que pone en pausa un conflicto que llevaba seis semanas y dejó miles de muertos, además de un fuerte impacto en todo Oriente Medio y en el suministro global de energía. La mediación estuvo a cargo de Pakistán, que logró sentar a las partes después de semanas de máxima tensión.

El anuncio lo hizo el presidente Donald Trump sobre el final del martes, apenas dos horas antes del ultimátum que había lanzado a Irán: liberar el estratégico estrecho de Ormuz —clave para el comercio energético mundial— o enfrentar consecuencias devastadoras. La noticia trajo alivio inmediato tanto en las calles como en los mercados financieros internacionales.

Ambos países salieron a mostrarse como ganadores, pero lo cierto es que los principales puntos de conflicto siguen sin resolverse. Washington y Teherán mantienen posturas muy distintas sobre un eventual acuerdo de paz de fondo, que podría definir el futuro de la región durante décadas.

Desde Pakistán, el primer ministro Shehbaz Sharif confirmó que invitó a delegaciones de ambos países a reunirse este viernes en Islamabad, lo que podría convertirse en el primer encuentro formal desde que empezó la guerra. Incluso aseguró que el presidente iraní ya dio el visto bueno. Del lado estadounidense, el vicepresidente JD Vance dejó entrever que podría encabezar la delegación, aunque evitó confirmar detalles concretos.

La tregua está atada a una condición clave: que Irán levante el bloqueo en el estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca de un quinto del petróleo y gas licuado del mundo. Si bien hasta el miércoles a la tarde los barcos todavía no habían retomado la circulación, el canciller iraní, Abbas Araqchi, aseguró que su país está dispuesto a garantizar el tránsito si cesan los ataques en su contra.

El solo anuncio del acuerdo alcanzó para sacudir los mercados: el precio del petróleo cayó con fuerza y las bolsas reaccionaron al alza, ante la expectativa de que termine una de las peores crisis energéticas de la historia reciente.

En Irán, la gente salió a festejar a la calle. Hubo banderas, celebraciones y también gestos de rechazo hacia Estados Unidos e Israel. Pero el clima no es de confianza total. “Nadie sabe cuánto va a durar esto”, resumió Alireza, un empleado estatal de Teherán, que habló con la agencia Reuters.

El conflicto, que arrancó el 28 de febrero impulsado por Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, tenía como objetivos frenar la expansión de Irán en la región, desactivar su programa nuclear y debilitar al régimen. Sin embargo, esos objetivos parecen lejos de haberse cumplido.

A pesar de los bombardeos, Irán mantiene sus reservas de uranio enriquecido —cercanas a niveles aptos para armamento nuclear— y su capacidad militar, incluyendo misiles y drones. Además, el gobierno iraní resistió sin mostrar señales de debilitamiento interno, pese a tensiones previas con su propia población.

Otro dato clave: Teherán demostró que puede afectar el suministro energético global, incluso con la fuerte presencia militar estadounidense en la zona. Esto podría cambiar el equilibrio de poder en el Golfo en los próximos años.

Desde Irán, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional habló directamente de una “derrota histórica” para sus enemigos. En Israel, en cambio, el panorama es más complejo. Aunque el gobierno de Benjamin Netanyahu respaldó la tregua, puertas adentro crecen las críticas.

El opositor Yair Lapid calificó el resultado como un “desastre diplomático sin precedentes”, mientras que el exjefe militar Yair Golan fue más duro: dijo que todo terminó en un “fracaso absoluto” que deja a Israel en una situación más vulnerable. Según su visión, el programa nuclear iraní sigue intacto, al igual que su poder militar.

Mientras tanto, las empresas navieras se mantienen cautas. Varias advirtieron que no retomarán operaciones en la zona sin garantías firmes de seguridad. La incertidumbre sigue siendo alta.

Además, el alto el fuego no alcanza a otros frentes abiertos. Israel continúa con su ofensiva en el sur del Líbano contra Hezbolá, aliado de Irán. En las últimas horas se registraron nuevos ataques, con al menos cuatro muertos tras un bombardeo cerca de un hospital. Desde el gobierno libanés aseguran que no fueron incluidos en ningún acuerdo.

Si las negociaciones arrancan este viernes en Islamabad, lo harán con posiciones todavía muy alejadas. Estados Unidos propone un plan de 15 puntos, mientras que Irán contraatacó con uno de 10, que incluye el levantamiento de sanciones, compensaciones económicas y el control del estrecho de Ormuz.

Trump, en redes sociales, dijo que la propuesta iraní es una “base viable” para negociar, algo que en Teherán interpretaron como una aceptación inicial de sus condiciones.

Sin embargo, desde Israel aseguran que la Casa Blanca se comprometió a exigir condiciones estrictas, como el fin del enriquecimiento de uranio, la eliminación de misiles balísticos y la retirada del material nuclear iraní.

En paralelo, dentro del propio Irán también hay voces críticas. El periodista Hossein Shariatmadari, cercano al poder, cuestionó la tregua y advirtió que negociar con Estados Unidos es “hacerle un regalo al enemigo”.

Por ahora, el mundo entra en una pausa tensa. Dos semanas que pueden ser el comienzo de la paz… o apenas un respiro antes de que todo vuelva a escalar.

Tribuna de Periodistas




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