EDITORIAL
Creo que nuestros intendentes electos llegan a la municipalidad sin tener la menor idea de qué hacen ahí
Por Walter R. Quinteros
¿Conocen estos tipos las temáticas de administración, entienden cuál es su rol, de qué se trata el trabajo, cuáles son sus obligaciones, sus derechos y dónde están los límites? ¿Hay alguna escuela que los prepare? ¿Algún posgrado?
Basta con ver los resultados de quienes ocuparon el cargo para darnos cuenta que algo está mal. Aqui tiene carácter de urgencia crear una escuela para intendentes.
O algo parecido, ya que nos vacunan con tantas nuevas universidades, y hasta obligan a nuestros pibes que digan fútebol en vez de fútbol por un futuro mejor. Vamos, aprovechen y metan eso de la escuelita para intendentes. Porque todo lo que ellos aplican es la doctrina del "Entro y Resisto", total, tengo mayoría asegurada que vota cualquier guampeo.
Pero como no hay, como no se ve nada, por lo menos, alguien debería dejar un instructivo, una lista de control de procedimientos en el escritorio. Para que el tipo se guíe, para que sepa qué hacer, para que se le borre esa sonrisa deshonesta.
Pongamos por ejemplo que usted junta unos pesos y compra una divina heladera, un TV, un lavarropas, o lo que sea. Todos esos artefactos vienen con su manual de instrucciones, o algo asi. O sea, fueron hechos para que sepamos cuáles realmente son sus funciones.
En Cruz del Eje, el intendente Renato Raschetti, después de 828 días ocupando el cargo, decidió llamar a su fotógrafo y "armar" dos visitas a dos barrios, y fue rodeado de gente de su entorno para sostener las torpezas de su relato. Después se borró de nuevo. A ningún ciudadano de esos barrios ni al barrio en si, esas visitas les ha cambiado la vida, siguen envueltos en sus incertidumbres y miserias. Es decir, falla en sus responsabilidades primarias, pero nos mete el idioma portugués como un gran logro digno de recibir un Óscar. Un Puskas.
Vuelvo a las preguntas: ¿Estamos a tiempo de que aprenda cuál es su tarea?
No. Porque se cree superior a todos. Un enviado por los dioses. Y para eso, "alguien" lo ha rodeado de un coro de ángeles que le canta alabanzas mientras le alcanzan la hoja en blanco y le hacen firmar al pie cualquier cosa. Y cualquier cosa no beneficia al pueblo.
A estos tipos, hay que darles el instructivo, el manual donde en el contenido, lo primero que debe aparecer es: Que no se crean tan importantes. Que distingan protocolo de obsecuencia. Porque sacando algunos honores simples, un intendente no es más que un administrador elegido que debe darle valor a sus palabras, a sus promesas. Que tenga en claro y asuma que se lo eligió y encima se le paga para que administre de acuerdo con las leyes y normativas vigentes. Punto. Todo lo demás son cosas que nadie le ha pedido que haga. Cosas que nunca prometió que haría.
Que entienda que su mandato es como administrador, y un administrador tiene que hacer que todo funcione, para eso, cuenta con el dinerillo de las coparticiones, lo que viene camuflado en la boleta de EPEC, las tasas municipales y todos los otros chanchullos llamados fondos. Si puede y le da el cuero, ahí si modernizar, remodelar, ampliar y bueno, sería mucho mejor. Sino, con administrar bien nuestra guita, a los ciudadanos nos alcanza y sobra.
El manual de instrucciones debe ser claro. Debe llevar a estos personajes a la operatibilidad, al pragmatismo, a la eficiencia. Y por sobre todas las cosas, debe recordarle que no tiene tiempo para distracciones. Porque no dedicar todo su tiempo a hacer el trabajo por el que le pagamos—y muy bien—, es como que nos está afanando la guita, o abusando de nuestra confianza.
Pero la cosa no se queda ahí, porque al no haber instructivos para intendentes, tampoco lo hay para gobernadores, y la lista sigue. Las leyes se discuten, los manuales de procedimiento, no.
Hay personas que andan todo el día con el celular en la mano. Ni el CEO de una exitosa empresa se da el lujo de ir al baño con el celular en la mano como esta gente. Es como si ese aparatito fuese una extensión de sus manos. Algo parecido son los Centros Cívicos del interior de esta bendita provincia. Los Centros Cívicos en la provincia de Córdoba fueron creados por el exgobernador Juan Schiaretti, bajo la tierna excusa de descentralizar y modernizar la administración, con eso, argumentaban que mejorarían la atención al sufrido ciudadano. Una cosa parecida a la extensión de la mano. O, a las funciones de las capitanías de la época colonial.
Bajo el gobierno de Martín Llaryora, se inauguró el Centro Cívico en Cruz del Eje. Tanto los inaugurados por Schiaretti como por Llaryora, solo le cambiaron la vida —económicamente—, a políticos quemados por su mal desempeño y ahora convertidos en zombies tambaleantes que deambulan por Tribunales. Ni a mi, ni a doña Rosa de barrio Los Altos, ni a usted que lee pero por compromiso no comenta, nos han beneficiado en algo. Hasta para protestar los sindicatos viajan a Córdoba. De no creer, teniendo aquí la Unidad Básica del Gobierno.
No hay manual instructivo que les indique que solo están despilfarrando una millonada de pesos en aguantaderos de políticos amigos. O vaya uno a saber qué tipo de compromisos...
Por estos días, parece coincidir con mi humilde apreciación un legislador llamado Matías Gvozdenovich, ya que presentó un proyecto para eliminarlos. De un tincazo. Juira.
A un medio colega de mi querida ciudad de Córdoba, le expresó: "La generalización del sistema Ciudadano Digital (CIDI), volvió inútiles a estas dependencias físicas, ya que —según sostiene en su argumento— la totalidad de los trámites que allí se realizan pueden gestionarse de manera online". Lo cual es cierto. Y puso como ejemplo el Banco de Córdoba, cuyas sucursales cierran por estar "digitalizadas". Es decir o somos, o no somos. Ya que si "todo el mundo está digitalizado", el mismo criterio debería aplicarse a los Centros Cívicos.
¿El gobernador fue elegido para que administre la provincia, en Educación, Seguridad, Salud, Infraestructuras etc, o para beneficiar con fueros extraños solo a algunos "compañeros"?
¿Qué diría el manual de instrucciones en relación a los méritos, a la ficha limpia?
Centros Cívicos hay para hacer dulce. A saber: Laboulaye, Río Cuarto, Villa Dolores, Río Tercero, Bell Ville, Villa María, Marcos Juárez, San Francisco, La Carlota, Corral de Bustos, Monte Buey, Mina Clavero, Río Ceballos, Colonia Caroya, Villa del Totoral y Cruz del Eje.
¿Acaso no hay una sola miserable computadora en pleno siglo XXI en estas ciudades? ¿Acaso no transferimos desde nuestro celular dinerillo a China o EE.UU. desde estas ciudades?
Para cerrar recordemos esta fábula. Todos, alguien, cualquiera y nadie:
Había que hacer un trabajo importante. TODOS estaban seguros que ALGUIEN lo haría. CUALQUIERA lo podría haber hecho, pero NADIE lo hizo.
Y así pasan y siguen, viviendo de nuestros bolsillos, buscando dónde acomodarse, mientras las calles siguen sin reparar y las ciudades se caen a pedazos.

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