OPINI脫N / DEPORTES
El despido de Gago resulta un eslab贸n m谩s de una cadena en la que el denominador com煤n es el modo personalista de un presidente que perdi贸 la unanimidad popular entre los hinchas de Boca

Por Cristian Grosso
Hasta los m谩s fan谩ticos empiezan a no encontrar argumentos para defender a Juan Rom谩n Riquelme, el magn铆fico futbolista que naufraga con su personalista liderazgo dirigencial. La estatua se zarandea como jam谩s nadie se imagin贸, aunque siempre tendr谩 ac贸litos embanderados en el recuerdo del excepcional jugador. Pero eso pertenece al pasado. Su gobierno total –porque como vicepresidente de Jorge Ameal, tambi茅n 茅l ejerc铆a la jefatura- est谩 tapizado de decepciones. De promesas incumplidas, fracasos y sospechas.
Riquelme, inconformista, que desestabilizaba con sus estudiadas apariciones p煤blicas cuando estaba al margen de la conducci贸n, ahora ni despide a sus empleados. Env铆a emisarios y se mantiene en un silencio que aturde. “Se juega como se vive”, exclama un viejo axioma futbolero, pero 茅l lo desaf铆a: en la cancha asum铆a las urgencias, y desde afuera, hace tiempo que parece provocarlas.
Preso de sus palabras, las contradicciones gu铆an su mandato. “Como club ten茅s que tener claro que camino quer茅s, porque si vamos a cambiar cada un a帽o, veremos cuando la pegamos”, explicaba y subrayaba la necesidad de proyectos duraderos. Ya en funciones… Russo, Battaglia, Ibarra, Almir贸n, Mart铆nez, Gago y ahora ser谩 el cuarto interinato de Herr贸n… antes del pr贸ximo elegido. Todo en algo m谩s de cinco a帽os. Un rayo improvisador.
“La Copa Libertadores vale como 10 campeonatos argentinos. Ganar un torneo local con Boca es importante, pero ganar la Copa Libertadores es ser un buen jugador de f煤tbol. Si quer茅s demostrar que sos bueno, ten茅s que ganar la copa. Si est谩s tres o cuatro a帽os en Boca, alg煤n campeonato vas a ganar, alguna Copa Argentina vas a ganar”, reclamaba vuelo internacional, desatendiendo el 谩mbito local. Boca hace dos temporadas que no participa de la Libertadores. Este a帽o ni pertenece a la Sudamericana. Y ni celebra un t铆tulo fronteras adentro desde marzo de 2023, la Supercopa Argentina ante Patronato. La involuci贸n ante la vista de todos.
“Estoy cansado de que los gallinas sigan festejando”, exclam贸 Riquelme en uno de sus discursos de campa帽a en Florencio Varela, a poco m谩s de una semana de tomar el poder a finales de 2019. Desde entonces se enfrentaron en 13 supercl谩sicos, con cinco victorias millonarias, tres para el Xeneize y otros cinco empates, con dos festejos boquenses en la definici贸n por penales. Si antes Riquelme estaba harto, ahora tambi茅n debe estar frustrado porque la inercia no se detuvo. Es m谩s, la actual es la ventaja m谩s exigua a favor de Boca en el historial (92 a 88) desde el 23 de marzo de 1997 cuando empataron 3-3 por el Torneo Clausura, en el Monumental.
Astuto, desconfiado, conflictivo, fascinante, provocador, creativo, ocurrente, l铆der y controlador. Todos esos han interactuado en Riquelme. Muchas veces se comport贸 como un divo al acecho, siempre consciente de su capacidad de da帽o. Estratego al fin, la gesti贸n le iba a exigir elevarse y reunir a la familia boquense con un poder 煤nico, el del 铆dolo, quiz谩s el mito tambi茅n. Lo ha desaprovechado removiendo heridas.
Riquelme se lanz贸 hace algo m谩s de cinco a帽os a un campo en el que ya no tendr铆a privilegios, esos que busc贸 imponer mientras jug贸. Asumi贸 el riesgo al bajarse del Olimpo, y ese coraje fue elogiable, pero no ha entendido que los liderazgos que generan adhesi贸n se nutren de los consensos. Nunca le interesaron, entonces eligi贸 el coro adulador, la fricci贸n y la bipolaridad amigo/enemigo porque siempre sinti贸 que contaba con ventaja: el pedestal popular. Quiz谩s digiera por estas horas que el amor no es para siempre porque la Bombonera tampoco es ‘el patio de su casa’, como declama. Boca est谩 por arriba de 茅l, aunque le cueste.
No es el 煤nico culpable, claro, pero desde el momento que impuso un estilo tan absorbente e imperativo le caben todos los se帽alamientos. Ni los socios conocen a los integrantes de la comisi贸n directiva. Boca cuenta con un plantel descompensado en algunos puestos, s铆, y tiene demasiados jugadores desabridos en la cancha e irrespetuosos con la conducta de un profesional de elite, tambi茅n. Y de esos defectos tampoco puede correrse Riquelme porque 茅l los ha elegido y los apa帽a desde su gen ‘jugadorista’ que protege a los futbolistas y expone a los entrenadores.
“Este a帽o va a ser divertido”, supo desafiar Rom谩n frente a un oleaje de inconformismo que empezaba a embravecerse. Nadie se r铆e en Boca, parado en un escenario inveros铆mil: aunque marcha puntero y se encuentra a cuatro partidos de ser campe贸n, muchos hinchas est谩n desahuciados. Eso tendr铆a que atormentarlo a Riquelme: les rompi贸 el coraz贸n. Confirm贸 lo que muchos intu铆an alrededor de sus aptitudes, pero especialmente le fall贸 a su feligres铆a. El cerebro constante en la debacle es 茅l. “Boca puede vivir sin m铆, pero yo no sin Boca”, revel贸 hace unas semanas. No fue una declaraci贸n de amor, sino la confesi贸n de su autoritarismo. Un reinado oscuro.
(LA NACION)
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