POLÍTICA / OPINIÓN
Mientras Cristina y Kicillof juegan a la Guerra Fría, la tropa peronista busca los salvavidas

Por NOVA
El hartazgo dejó de ser un rumor de pasillo para convertirse en un grito público. Mientras Axel Kicillof acelera la construcción de su propio armado presidencial y Máximo Kirchner fantasea con la Gobernación bonaerense, las segundas líneas del peronismo advierten que la sangría interna amenaza con llevarse puesto a todo el espacio.
En el medio, asoma una nueva Liga de Intendentes que pide pista, un massismo que factura favores legislativos y una jugada judicial en la ONU que busca resucitar el clamor por "Cristina Presidenta".
La interna silenciosa pasó a la fase de los micrófonos abiertos, y el daño colateral empieza a ser incalculable.
El límite de la paciencia
La tolerancia de las primeras espadas legislativas se agotó. Las advertencias ya no bajan envueltas en metáforas sutiles, sino en una genuina demostración de fastidio brutal.
"Que se dejen de romper las pelotas y arreglen el tema", disparó el jefe del bloque en el Senado, José Mayans, apuntando directo al gobernador y al líder de La Cámpora. A su lado, Juliana Di Tullio fue todavía más cruda al confesar que la discusión la tiene "podrida" y que, con razón, "la gente nos detesta".
En las mesas más chicas del PJ reconocen que la pulseada histórica está paralizando la maquinaria opositora. Para muchos dirigentes, el problema ya no es quién tiene la razón o quién ostenta la pureza doctrinaria, sino el costo político de exhibir un divorcio a cielo abierto frente a un gobierno nacional que avanza impiadoso con el ajuste económico.
La arquitectura kicillofista y el contragolpe camporista
Lejos de pedir una tregua, Kicillof aprieta el acelerador territorial. El gobernador ya activó a sus "doce apóstoles", un pelotón de funcionarios y armadores liderado por Andrés Larroque y Carlos Bianco, para construir su estructura nacional puenteando al Instituto Patria.
El Movimiento Derecho al Futuro (MDF) ya desembarca en el interior del país con plenarios y recorridas constantes. Sin embargo, el mandatario bonaerense tiene una directiva estricta para sus adelantados: la franquicia política no se le regala a cualquiera. La desconfianza es la regla.
Del otro lado de la trinchera, Máximo Kirchner no se queda quieto. El líder camporista habilitó que ruede su propia candidatura a la Gobernación bonaerense para disputarle el poder territorial al axelismo.
Cerca del mandatario provincial leen esta jugada no como una amenaza real en las urnas —saben que su imagen negativa es un lastre pesado— sino como una clásica herramienta de presión para condicionar el armado de las futuras listas.
El salvavidas internacional y el tablero electoral
En paralelo, la estructura que responde a la ex presidenta puso en marcha su propia ingeniería. Con el inconfundible sello de La Cámpora, los pasacalles con la leyenda "Cristina Presidenta" ya volvieron a decorar los puentes del conurbano.
El rediseño del operativo clamor tiene ahora una pata internacional en Nueva York. La defensa de CFK acudió al Comité de Derechos Humanos de la ONU para intentar voltear su inhabilitación perpetua y recalcular el tablero de 2027.
Dirigentes de peso como Miguel Ángel Pichetto salieron a bancar la maniobra institucional para recuperar a la principal figura del espacio, aunque aclararon que el próximo liderazgo deberá validarse en unas primarias competitivas.
Pero el verdadero reloj que hace tic-tac es el sistema electoral. Si Javier Milei no logra eliminar las PASO a nivel nacional, Kicillof se quedaría sin margen legal para desdoblar las elecciones en la provincia. Esa unificación obligaría a todas las tribus enfrentadas a convivir en una misma boleta, un escenario que hoy, dado el nivel de agresividad cruzada, parece de ciencia ficción.
La rosca de los intendentes
Frente al choque de trenes, los jefes territoriales decidieron armar su propio juego. La intendenta de Moreno, Mariel Fernández, blanqueó la conformación de una nueva Liga de Intendentes que busca oficiar de "casco azul" en la interna y ponerle un pie al freno.
La apuesta de los alcaldes es clara: mediar en el conflicto, reclamar lugar en la mesa de decisiones y exigir que el próximo candidato presidencial tenga experiencia comprobable gestionando un municipio.
Mientras tanto, por lo bajo se negocia la moneda de cambio real: la marcha atrás con el límite a las reelecciones indefinidas. El Frente Renovador de Sergio Massa y Malena Galmarini ya movió sus fichas para disputarle esa llave a Kicillof en la Legislatura, recordando que los favores en la provincia siempre se cobran al contado.
Por ahora, el peronismo navega a ciegas entre los desplantes públicos, los armados paralelos y un gobierno libertario que mira la pelea cómodamente por televisión. La gran incógnita pasa por saber si este delicado sistema de contención aguantará hasta 2027, o si la disputa por la lapicera terminará de hundir los pocos botes salvavidas que quedan a flote.
NOVA
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