EDITORIAL
Transitar lo cotidiano debe llevarnos a la conversación
Por Walter R. Quinteros
En el tango Fueron tres años, de Juan Pablo Marín, que muy bien interpreta Argentino Ledesma, se oyen estos versos:
No me hablas, tesoro mío
No me hablas ni me has mirado
Fueron tres años, mi vida
Tres años muy lejos de tu corazón
Hablame, rompé el silencio
¿No ves que me estoy muriendo?
Y quítame este tormento
Porque tu silencio ya me dice adiós
Tremendo himno para las personas con corazones rotos. Pero...
¿Sabemos hablarnos?
Si tenemos en cuenta que las relaciones interpersonales son conexiones sociales y emocionales recíprocas entre dos o más personas que se basan en la comunicación, los sentimientos, los intereses compartidos o el apoyo mutuo, y son esenciales para vivir en sociedad, entonces hablemos. Transitar lo cotidiano debe llevarnos a la conversación.
En política poco se entiende esto de hablar, escuchar, disentir y comprender, que son actos profundamente democráticos. Una sociedad democrática es, por definición, una comunidad plural, diversa, donde personas con sus historias, valores, intereses y distintas perspectivas convivan. Ahora, ¿cómo logramos eso si no es a través del diálogo? Para los partidos de izquierda el diálogo no existe. Existe la violencia como método. Se manifiestan incitando al odio.
La conversación
La conversación será siempre quién nos acerque en las diferencias, aunque no pueda borrarlas. La conversación no va a impedir que mantengamos nuestras posturas, pero hará que nuestros desacuerdos no desemboquen en violencia.
La conversación, además, nos permite que algunas decisiones públicas reflejen algo más que la voluntad de una mayoría circunstancial. Cuando las ideas circulan libremente y las voces son escuchadas sin miedo, se generan decisiones más informadas, más justas y más legítimas. A esto quería llegar.
Varias veces he escrito que en política fallan las comunicaciones, en muchas ocasiones hice referencia a la hermosa película dirigida por Stuart Rosenberg, La leyenda del indomable, con el papel principal de Paul Newman, donde interpreta a un recluso rebelde llamado Luke Jackson, quién en un momento dice, "fallaron las comunicaciones".
Las comunicaciones, los debates, en una comunidad que discute todos sus problemas, y una ciudadanía que delibera, son señales de una democracia viva. Aplaudo eso. Mis editoriales así lo respaldan.
La conversación, es un acto humano. Dice Tato Romero Feris, director de Diario Norte. Hacer el ejercicio de conversar con quienes piensan diferente, obliga a dejar de lado los prejuicios. Si bien es cierto que escuchar a otro no garantiza que necesariamente se genere un cambio de opinión en los que participan de la conversación, lo importante aquí es ver a la otra persona como alguien digno de respeto, no como un enemigo.
Anoten, cuando hay una conversación libre, hay ciudadanía crítica. Y donde hay ciudadanía crítica, el poder debe rendir cuentas. La prensa independiente, los foros de discusión y las redes sociales usadas con responsabilidad contribuyen a generar espacios donde la conversación actúa como una forma de contrapeso del poder. La desinformación, no.
El silencio
Por un lado podríamos decir que suele ser síntoma de miedo, por imposición o apatía, tal vez.
Por otro lado, puede ser muestra de respeto, sabiduría, desinterés o la necesidad de reflexionar antes de hablar.
La violencia como medio
En tiempos cuando los algoritmos de las redes sociales tienden a encerrarnos en burbujas para reforzar nuestras propias ideologías, cuando hay partidos políticos que acuden a mercenarios para generar violencia, el debate genuino debiera volverse un acto de resistencia democrática.
No es casualidad, que estos partidos con regímenes anarquistas, se caractericen por adoptar medidas que apuntan a desestabilizar la democracia. Lo hacen, censurando opiniones, y persiguiendo a quienes disienten. Para ellos, la política en su sentido más noble, que es el arte de convivir con las diferencias, no existe. Todo pasa por la violencia.
La cultura del diálogo
Podemos decir que estamos viviendo tiempos en que los discursos de odio se propagan con demasiada facilidad por las redes sociales. Tiempos donde la polarización convierte al que piensa distinto en enemigo. En que cada proyecto de ley enviado por el Gobierno nacional, hasta las ordenanzas de los intendentes, no admitan la conversación pública. Poco se entiende que conversar no se trata de ganar una discusión, sino, el de construir un camino para el bien común.
Nos ocurre ante algunos desamores, como esta letra del tango Fueron tres años, y nos ocurre en cuestiones vecinales, en pertenecer a hinchadas de clubes distintos, y de tener ideología política distinta también. Por eso es necesario recuperar la cultura del diálogo, eso, nos llevará a convivir en libertad.

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