MENDOZA: EL LANZAMIENTO DE TADEO


POLÍTICA

Milei busca derogar las PASO, pero necesita de los gobernadores. La política sólo piensa en sí misma, no le importa la gente

Por Christian Sanz

"Quiero ser el próximo gobernador de Mendoza para representar y defender a quienes hacen las cosas bien y quieren salir adelante". La frase, que sorprendió a propios y ajenos, pertenece a Tadeo García Zalazar, quien decidió salir del ostracismo y plantarse como candidato a mandatario mendocino.

Lo hizo en modo casi peronista, hablando sobre "el esfuerzo individual, la movilidad social y la mejora de las condiciones de vida". Ello a través de un extenso mensaje publicado en sus propias redes sociales.

¿Lo hizo de manera espontánea o fue una de las típicas jugadas maquiavélicas de Alfredo Cornejo a efectos de obligar a los demás candidatos a salir a la cancha? Imposible saberlo, aunque no es nada improbable.

Como sea, Tadeo planteó en su lanzamiento que el principal desafío de Mendoza ya no pasa solamente por ordenar las cuentas y consolidar las bases de la economía, sino por lograr que esa mejora se traduzca en la vida cotidiana de los ciudadanos.

No obstante, decidió no "sacar los pies del plato": García Zalazar reconoció el trabajo realizado durante los últimos años para ordenar las cuentas públicas y establecer las condiciones necesarias para el crecimiento de Mendoza.

Lo curioso es que luego, al ser entrevistado por los medios, aseguró que era muy prematuro hablar sobre candidaturas y reconoció que la gente está pensando en "cosas más importantes". ¿En qué quedamos?

El otro candidato cornejista, Natalio Mema, también hizo lo propio. Y no fue nada casual: ambos, él y Tadeo, carecen de los pergaminos de los demás competidores a la gobernación provincial, por eso están obligados a mostrarse con sendos megáfonos en sus manos. Los que sí aparecen posicionados son Ulpiano Suarez y Luis Petri.

La suerte de uno y otro está atada a la gestión de sus mentores. Uno aparece ligado a Cornejo; el otro a Javier Milei. No tanto el intendente capitalino, que decidió mostrarse independiente. Pero sí Petri, cuyo devenir depende de lo que ocurra con la economía mileísta. Es el problema de acercarse demasiado al sol: al principio suele brindar calor, pero luego uno se puede incinerar.

No obstante, falta demasiado para las elecciones de 2027 y todo puede ocurrir hasta entonces. Jamás debe olvidarse que en marzo de 2009 Francisco De Narváez era un completo desconocido para la sociedad y, tres meses después, le ganó las elecciones a Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires.

Fue la mecha que encendió la furia del kirchnerismo, que decidió avanzar con las onerosas Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Una verdadera trampa para la política, de la cual ahora no sabe cómo salir.

Milei intenta derogarlas, porque sabe que eventualmente le jugarán en contra, pero no cuenta con los votos necesarios para hacerlo. El problema radica en el Senado, que representa a las provincias. Y allí pisan fuerte los gobernadores, que son los que influyen sobre los legisladores nacionales.

Ello explica que el jefe de Gabinete, el versátil Diego Santilli, este preparando las valijas para recorrer las principales provincias argentinas. Necesita convencer a los mandatarios provinciales de avanzar en la anulación de las PASO.

No le será nada sencillo, porque los gobernadores son voraces y le pedirán puntuales concesiones a cambio. Que saben traducirse en dinero. Y Milei ya lo dijo claro: "No hay plata".

Ciertamente, los argumentos del mileísmo para sepultar a las primarias con convincentes. Pero en política no sirven los argumentos, sino el dinero contante y sonante. Sino basta preguntarle a Edgardo Kueider, quien purga prisión por intentar ingresar a Paraguay 200 mil dólares cobrados por levantar la mano para votar la Ley Bases. En la Argentina le espera igual suerte, merced a una denuncia que le hizo quien escribe estas líneas.

Por lo demás, las PASO no sirven para nada, en ningún sentido. Sólo funcionan como una gran encuesta, carísima y pagada por todos los ciudadanos. Es una suerte de interna donde juegan sólo los que antes fueron elegidos a dedo.

Dicho sea de paso, los partidos políticos en la Argentina no son afectos a la competencia interna. Si alguien alberga alguna duda, sólo debe otear al peronismo. A nivel nacional sólo motorizó dos de ellas en su existencia. La de 1989, donde Carlos Menem le ganó a Antonio Cafiero; y la de 2023, donde el gran vencedor fue el siempre suspicaz Sergio Massa.

Los demás partidos, salvo el radicalismo, apelan al siempre eficaz y perverso verticalismo, donde el de arriba pone a quien se le canta como cabeza de lista. Los libertarios son ejemplo de ello, pero también el PRO. Y todos los demás.

La democracia no existe a nivel partidario, sólo una simulación para que parezca que llegan los más aptos y honestos. Pero ello jamás ocurre. Por eso, el país no mejora con la llegada de nuevos jefes de Estado, sino que empeora más y más.

Entretanto, la discusión siempre gravita sobre las personas, como si el problema fuera no saber elegir a la persona indicada para ocupar el Sillón de Rivadavia. El problema es el ADN argentino, que supo pergeñar un sistema de corrupción que supera siempre las buenas intenciones.

Los hombres que llegan a la cúspide creen que pueden cambiar al poder, pero el poder los termina cambiando a ellos. Entran en una vorágine de la cual jamás pueden salir. Por eso, jamás se conforman con un mandato y buscan ser reelectos una y otra vez.

Pero, como dijo el historiador y político británico Lord Acton, "el poder corrompe"... y "el poder absoluto corrompe absolutamente".

Mendoza Today


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