OPINIÓN
En los últimos años he seguido de cerca la decadencia institucional de la democracia brasileña en este medio independiente

Por José Antonio Friedl Zapata
La expresión “los últimos estertores”, que se utiliza en forma literaria y cotidiana para describir la fase final, agonía o decadencia absoluta de algo o alguien que está por desaparecer, se aplicaría muy bien al actual presidente brasileño Lula da Silva. En los últimos años he seguido de cerca la decadencia institucional de la democracia brasileña en este medio independiente. Y la situación en vista de las elecciones presidenciales en octubre próximo se ha agravado aún más.
El lobo está herido, pero cuenta todavía con la fuerza suficiente como para reunir aproximadamente un 49% de los votos contra los 46% de su más importante opositor, Flavio Bolsonaro, cifras provenientes de la Agencia Bloomberg News, basadas en una encuesta de Atlas Intel, de fines de julio de este año. Esta diferencia se explica en parte por el voto cautivo de Lula de las clases más pobres que han gozado durante años de generosos subsidios estatales, que no hicieron más que mantenerlos en la pobreza . Resuena aún la lapidaria frase de Lula expresada muchos años atrás: ”Los pobres no necesitan estudiar”.
Sí, el viejo lobo octogenario está herido y rabioso y lentamente arrinconado tanto dentro de fronteras como internacionalmente. Hoy en día aparece como el último representante del maléfico narco socialismo del siglo XXI, que encontró sus inicios en el también maléfico Foro de San Pablo, que él mismo se encargara de fundar decenios atrás y que destruyera muchas de las democracias existentes en esa época en nuestra Latinoamérica. Hoy en día ni siquiera se atreve a aparecer en los cambios de mando democráticos de varios países hermanos como son Chile, Argentina, Perú, Honduras y Colombia. Es una figura non grata, arrinconado por países con democracias emergentes. Tiene que soportar que su enemigo ideológico, el presidente argentino Milei, sea recibido por el poderoso gobernador conservador del Estado de San Pablo y archi enemigo de Lula, Tarciso de Freitas, con honores militares y una alfombra azul, alusiva a los nuevos tiempos políticos de la región, en lugar de la tradicional roja, condecorándolo con la orden de Ipiranga . Y esto no es todo. A continuación de este homenaje el presidente argentino se dirigió a un multitudinario mitin del candidato opositor de Lula, Flavio Bolsonaro, con motivo de su nombramiento oficial a la candidatura de la presidencia del país por parte de su partido , el más fuerte de la oposición, el PL. Milei utilizó esta oportunidad para hacer una fuerte arenga en su favor, refiriéndose en la misma a Lula como ex presidiario, ladrón y corrupto, tensionando aún mas las precarias relaciones entre los dos países.
A estas tensiones diplomáticas con su socio en el Mercosur se suman para Lula aquellas, mucho más graves, con el gobierno norteamericano de Trump por la evidente falta de democracia en el país, por la existencia de una Justicia altamente corrupta y partidaria y por las pocas garantías de imparcialidad de la actual Corte Electoral en las próximas elecciones presidenciales en octubre de este año. Como reacción a estas acusaciones, el 25 de julio pasado el gobierno brasileño prohibió la entrada al país de altos funcionarios norteamericanos, especialistas en la organización de elecciones democráticas. Molesto por esta decisión la Administración Trump respondió con la prohibición de la entrada a los EEUU de la actual embajadora brasileña Maria Luiza Viotti. La réplica de Lula fue no darle aún el beneplácito al nuevo embajador americano Daniel Pérez, diputado del Estado de la Florida y muy cercano a Marco Rubio.
A toda esta escalada de fuertes encontronazos entre los dos países se sumaría la decisión por parte de Trump de declarar a las dos organizaciones criminales mas importantes del país como “narco guerrillas”, diciendo que atentan contra la seguridad de los EE.UU y de todo el continente, lo que permite a las autoridades encargadas estadounidenses a vigilarlas de cerca e intervenir en caso necesario. Se trata de la poderosa organización narco criminal llamada “Comando Vermelho”, CV, afincada en las favelas de Rio de Janeiro, y del llamado y no menos poderoso “Comando da Capital”, PCC, afincado en las extendidas favelas de San Pablo. La medida fue anunciada el día 5 de junio de este año por el Secretario de Estado, Marco Rubio, siguiendo las órdenes de Trump, y entró en vigor de inmediato.
Ambas organizaciones terroristas cuentan con poderosas ramificaciones internacionales y el aval político de diferentes senadores y diputados del PT, el Partido de los Trabajadores, que sustenta a Lula. Algo similar a lo que sucede en México dentro del partido oficialista Morena. Un ejemplo del poder político de las narco mafias en Brasil lo tuvimos en octubre del año pasado cuando el Comando Vermelho de Rio de Janeiro intentó ocupar la ciudad, produciéndose sangrientos enfrentamientos entre la policía del Estado de Rio de Janeiro y los criminales, viéndose obligado el gobernador conservador Claudio Castro del Partido Liberal de pedir ayuda federal urgente que Lula se negó de enviar.
En el marco de la nueva ofensiva de la Administración Trump contra el gobierno de Lula, se encuentra también la decisión reciente de prohibirle la entrada a los EE.UU. al siniestro y corrupto presidente de la Suprema Corte de Justicia de Brasil y mano derecha de Lula, De Moraes, una prohibición que se extiende a toda su familia. Además se ordenó una investigación exhaustiva de sus bienes en los EE.UU. De Moraes es una figura clave para comprender el ascenso político de Lula, dado que fue él quien logró su excarcelación por medio de triquiñuelas legales, sin poder obtener nunca que el reo fuera declarado inocente. Este siniestro personaje fue quien destruyó la Justicia brasileña y es él quien se encargó personalmente por órdenes de Lula de destruir política y físicamente al ex presidente Jair Bolsonaro, condenándolo a 27 años de cárcel, sin darle una mínima asistencia médica, buscando liquidarlo brutalmente tras las rejas. Hoy después de multitudinarias protestas y debido a la gravedad de su estado, le permitió un arresto domiciliario, pero no puede recibir visitas.
Pese a toda esta escalofriante situación, en la que se encuentra Brasil hoy en día, prevalece aún en gran parte de la prensa brasileña y de muchos medios importantes internacionales increíblemente una narrativa mentirosa, sesgada, oportunista, financiada por ocultos fondos globalistas, como los de George Soros, que desconoce lo que sucede realmente en el país: el derrumbe de una democracia por razones ideológicas. Esta prensa internacional ignora la dramática situación de Brasil que se asemeja mucho al drama político y social que vive México actualmente, con una oligarquía política al servicio del narcotráfico internacional y que se nutre de él. Aquí y allá hay muchos senadores, diputados al servicio del narcotráfico. El propio hijo de Lula, Lulinha, está siendo investigado por la Policía Federal Brasileña por sus estrechos vínculos con capos del narcotráfico europeo.
El mensaje de Lula y de su partido el PT, dominado por su joven esposa, la llamada Janja, sociológa, fanática de la ultra izquierda y con super poderes, ya no encaja en estos tiempos de democracia en el continente. Esta pareja presidencial ha permitido que el gobierno brasileño actual se contaminara con diputados y senadores del partido oficialista PT con vínculos con el crimen organizado y el narcotráfico internacional. Es un hecho que un cuarto mandato de Lula no hará más que empeorar la situación, siguiendo el triste ejemplo de México.
Brasil, un hermoso país multiétnico, que fuera una nacion pujante, esta hoy en día al borde del abismo económico, político y moral. Lula no es sólo un problema para Brasil, sino para Latinoamérica. Su postura ideológica mina los valores democráticos de nuestro continente.
Tribuna de Periodistas
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