OPINIÓN
La prensa, única herramienta que empuja a la justicia y expone a los corruptos
El rol de la prensa en Argentina ha mutado y en muchos aspectos, ha tenido que asumir responsabilidades que trascienden la mera función informativa para convertirse en un mecanismo institucional de compensación. Cuando los engranajes naturales de control del Estado (oficinas anticorrupción, fiscalías de investigaciones administrativas, auditorías y el propio Poder Judicial) se ralentizan, se paralizan o son cooptados por intereses políticos o económicos, el periodismo de investigación se erige como la barrera principal contra la impunidad.
El análisis de esta dinámica, especialmente a la luz de controversias recientes vinculadas a nombramientos en el Estado, manejos de fondos (Andis, Adorni etc) o disputas institucionales y financieras en entidades como la AFA, revela varias dimensiones críticas sobre cómo opera el poder y cómo la prensa logra fracturar el ocultamiento.
El sector político-gubernamental suele utilizar el letargo burocrático y el secreto administrativo como escudos. La prensa, al investigar y publicar, rompe este monopolio. Los casos de las investigaciones sobre la ruta del dinero K, los hoteles, Austral Construcciones, los bolsos de dólares o las inversiones y cuentas en el exterior, por parte del periodismo de investigación, fue clave para que (muchos años después) la banda esté desarticulada y condenada.
Y en este sentido es importante destacar que no se trata solo de opinar, sino de la introducción sistemática de pruebas (contratos, resoluciones ocultas, cruces de datos, testimonios, documentación). Este aporte probatorio continuo desde las redacciones, destruye la narrativa oficial de la “operación política” y ancla la discusión en hechos fácticos. Es de manual que el poder salga a acusar de “operaciones” a la revelaciones de hechos calves como el caso $LIBRA o Adornis, pero ese concepto se cae cuando hay testimonios, audios y documentos que lo avalan; y eso es producto exclusivamente de la prensa, no de la justicia quien jamás revela ningún dato amparándose en la difusa excusa del “secreto de investigación” o tecnicismos de ese tipo.
Al exponer irregularidades, los medios dejan en evidencia la desconexión entre el discurso público de austeridad o transparencia y la práctica real, obligando a los funcionarios a dar explicaciones que, de otro modo, jamás ofrecerían (y aún así pocas veces se logra, como es el caso actual del gobierno libertario).
Quizás el impacto más profundo de la prensa sea su influencia sobre el Poder Judicial. Es un secreto a voces que muchos despachos judiciales nacionales y provinciales operan midiendo la temperatura política. Cuando un tema desaparece de la agenda mediática, la causa judicial tiende a dormir el sueño de los justos. El aporte permanente de nuevas aristas sobre un mismo caso por parte del periodismo eleva exponencialmente el costo político y social de la inacción judicial.
Al mantener el interés público, la prensa audita de facto el trabajo de jueces y fiscales. Los obliga a instruir la causa, a pedir medidas de prueba, a allanar o a imputar, porque la sociedad y los medios están observando los plazos procesales. El periodismo no dicta sentencias, pero garantiza que el proceso exista.
Estrategias de ocultamiento
El poder apuesta al desgaste y a la saturación informativa. La estrategia de ocultamiento confía en que un escándalo tape a otro. Al sostener temas complejos en el tiempo (ya sean los manejos en torno a regulaciones de seguros, el nepotismo o las cajas de la política deportiva), la prensa evita la anestesia social y obliga a que la agenda pública no sea dictada exclusivamente por las gacetillas de prensa del gobierno de turno en medios dirigidos, sino por las anomalías que el propio sistema intenta esconder.
Este escenario, aunque resalta la nobleza y la necesidad vital del periodismo independiente, también expone una fragilidad republicana alarmante. Si la justicia y los entes de control necesitan que una noticia esté en la tapa de los portales o en el horario central de los canales o en la web masiva para investigar de oficio o avanzar con un expediente, significa que los anticuerpos del Estado están fallando. La prensa, generalmente, actúa como un respirador artificial para la transparencia institucional.
El trabajo de sostener estas investigaciones, buscar el dato preciso donde el Estado pone un candado y lidiar con las presiones derivadas de la exposición pública, requiere una tenacidad particular para no ceder ante el desgaste y no perecer ante las tentaciones económicas de los operadores del poder e inclusive, de las amenazas directas o el inicio de causas judiciales que, aunque no tienen destino efectivo, generan confusión, molestia y distraen al periodista o al medio.
Avance en la comprensión de los medios
A pesar de que en este gobierno nacional (LLA), como en todos los anteriores, existen medios y periodistas que responden a la billetera oficial, hay algo que ha cambiado en la audiencia y particularmente en el periodismo de otras décadas: hoy la militancia rentada de los colegas acompaña hasta la puerta del cementerio, pero no entra con los candidatos cuestionados/denunciados/imputados o procesados.
En la era kirchnerista hubo muchos periodistas que negaban lo obvio y evidente y es más, aún hoy lo siguen haciendo, de hecho relativizan o niegan las acusaciones contra Cristina Fernández y piden por la jefa de la banda, libre. En el actual caso del presidente argentino y su gobierno, esta obediencia indebida de algunos periodistas propios ha sido mitigada y el impulso de la propia audiencia que requiere más y juzga, los empuja a abandonar la zona de confort o en idioma criollo, a no hacerse el boludo.
Sin embargo, aquellos medios K que pugnaban con anteojeras por Cristina y la banda de chorros, también son útiles en esta instancia que vivimos hoy a la luz de las corruptelas ordinarias y obscena de los actuales gobernantes. Porque parte de la prensa que actualmente responde a Javier Milei, hablan pero no siempre dicen todo; entonces, es necesario mirar aquellos canales como C5N, por ejemplo, que antes nadie podía ver porque tenían el sello de militantes enraizados en lo más profundo del kirchnerismo más procaz y ahora, por claras razones de oposición política (reconozcámoslo) y las pretensiones de volver en algún momento a revitalizar la billetera que perdieron cuando Alberto, Massa y Cristina tuvieron que irse, generan información importante cuando investigan y producen pruebas ciertas y eficaces, que quizás otros medios más allegados al actual poder, las relativizaría o no las difundiría.
Como conclusión de todo esto podemos decir que las líneas editoriales, en general, pueden ofrecer distintas perspectivas, pero cuando el periodismo en su conjunto se alinea tras la búsqueda irrenunciable de la verdad fáctica, deja de ser un simple relator de coyunturas para erigirse como la última y más formidable barrera republicana contra la impunidad, el ocultamiento y el silencio.
Ojalá gobiernos, funcionarios, legisladores y cualquier hombre de la política nacional y provincial lo entienda. Si de algo sirve el pequeño aporte que cada uno hacemos desde el espacio virtual de la prensa que ocupamos, es para que el ciudadano común se sienta mejor representado, informado y defendido ante el poder oblicuo, poco transparente y rapaz que nos gobierna.
Agencia OPI Santa Cruz

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