EDITORIAL
Noelia Castillo recibió la eutanasia, la recordemos de niña, haciendo collares de caracolas
Por
Walter R. Quinteros

Según su propio testimonio, tuvo una infancia con momentos de felicidad hasta una adolescencia y juventud marcadas por la inestabilidad, el sufrimiento psicológico y episodios traumáticos que condicionaron su vida.
Supo concederle una entrevista al programa ‘Y ahora Sonsoles’ de Antena 3 allí, Noelia fue hablando de sus recuerdos con una mezcla de nostalgia y distancia. Su infancia fue una de las pocas etapas luminosas de su vida. Recordaba los veranos junto a su hermana en casa de su abuela, su "yaya", su refugio emocional.
Las tardes y noches se organizaban en torno a pequeñas actividades compartidas con su hermana Sheyla que recordó con precisión. Acudían a ferias donde se instalaban puestos y, en ocasiones, ellas mismas vendían pulseras hechas con conchas o piedras pintadas. "Nos poníamos a vender cositas hechas por nosotras", explicó. Las jornadas terminaban en la terraza de la casa de su "yaya", cenando al aire libre, en escenas que reconstruye como momentos de bienestar compartido.
En la entrevista, Noelia revisó álbumes de fotos junto a su madre y se detuvo en imágenes de su infancia: fotografías comiendo un helado, con trenzas, en su primer día de colegio con una bata roja o disfrazada en celebraciones. Y no solo observó esas imágenes, sino que decidió conservar cuatro fotografías que quería tener consigo cuando se le practicase la eutanasia: una en la que aparecía pintando un cuadro de su madre, otra de Wendy —la perrita que tenían cuando era pequeña— con apenas unas semanas de vida, la del primer día de colegio y otra de su infancia. Una selección que remite a los pocos espacios de luz que identificaba en su biografía.
Sin embargo, ese periodo, tuvo un final claro. El cambio se situó en su adolescencia, en torno a los años de instituto, cuando comienzan a encadenarse una serie de circunstancias que alteran su entorno. Uno de los episodios determinantes fue la pérdida de la vivienda familiar por problemas económicos. "nos tuvimos que ir a casa de mi padre", explicó. Ese traslado marcó, según su testimonio, un punto de inflexión. La separación de sus padres y el régimen de custodia compartida configuran un contexto que describió como inestable. En ese periodo sitúa algunas de las experiencias que contribuyeron a su deterioro emocional, como largas esperas en bares hasta altas horas de la madrugada mientras su padre consumía alcohol.
A partir de ese momento, Noelia describió una trayectoria caracterizada por lo que define como una sucesión de dificultades. Desde los 13 años, según explicó, ha estado en tratamiento psiquiátrico. Con el paso del tiempo, ese malestar se consolidó y se vio acompañado por diagnósticos como el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y el trastorno límite de la personalidad (TLP), que, según su testimonio, habían condicionado su forma de relacionarse con la vida.
En ese contexto se sitúan también episodios especialmente traumáticos que la propia Noelia relató en la entrevista. Entre ellos, dos agresiones sexuales que identificó como momentos clave en su historia personal. Una en el ámbito de una relación de pareja y otra de carácter múltiple, que, según explicó, no llegó a denunciar.
Estas experiencias traumáticas desembocaron en varios intentos de suicidio. En uno de ellos, en 2022, se precipitó desde un quinto piso, un hecho que no solo supuso un punto de no retorno en su trayectoria vital, sino que la dejó en situación de paraplejia.
Noelia Castillo tenía 25 años, llevaba dos años batallando judicialmente para que se le pudiera aplicar la muerte asistida, hasta que ayer recibió la eutanasia en un centro de salud de Cataluña. Su padre se oponía, pero los tribunales españoles le reconocieron su derecho.
La batalla para poder aplicar la eutanasia se dilató por la frontal oposición del padre de Noelia, asesorado por la asociación Abogados Cristianos. El hombre sostenía que su hija no estaba capacitada mentalmente para decidir sobre su futuro.
Los intentos para frenar la muerte digna de Noelia no fueron aprobados, primero, por un juzgado de Instrucción de Barcelona; después llegaron los fallos a favor de ella del Tribunal Superior de Justícia de Cataluña, del Tribunal Supremo, el Constitucional y, el último revés, el definitivo, fue con el dictamen del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Sin estos intentos, la joven barcelonesa hubiera muerto el 2 de agosto del 2024, el día para el que se había programado inicialmente la eutanasia.
Antes de la eutanasia, Noelia decía sentirse aliviada: "Por fin lo he conseguido, por fin podré descansar", aseguraba que no tenía "ganas de nada; ni de comer, ni de salir. Duermo mal, me duelen la espalda y las piernas, y quiero dejar de sufrir, irme en paz".
La joven pidió que el procedimiento sea llevado a cabo en su habitación y que su familia no estuviese presente. Ni nadie. Sólo estuvo el equipo médico designado para la muerte asistida. Lo primero que hicieron fue confirmar que ella mantuviera el deseo de morir y que su capacidad mental no estuviera alterada para proseguir. Ese fue el último trámite antes de empezar el proceso. Le suministraron una mezcla de fármacos en un orden establecido por instrucciones pautadas, vía intravenosa. El procedimiento fue rápido, Noelia ahora descansaba en paz.
Antes de morir, Noelia había contado que ella y su hermana juntaban caracolas en la arena, que en casa de su yaya hacían collares, los pintaban y en las tardes de ferias, los vendían.
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