SOCIEDAD

Malestar estructural

Por Beto Valdez

El malestar en las Fuerzas Armadas y de Seguridad ya es un problema estructural que empieza a hacerse visible. Hoy, un efectivo en la base —militar o de seguridad— está cobrando en el bolsillo entre $700.000 y $1.200.000. En muchos casos, muy cerca o incluso por debajo de la línea de pobreza. Con jornadas irregulares, riesgo permanente y dedicación exclusiva, el desfasaje con otros sectores es cada vez más evidente.
Ese deterioro explica el clima: bronca, desgaste y una expectativa creciente de recomposición salarial. En ese contexto, también aparece la pregunta política: ¿quién carga con el costo?
Patricia Bullrich sigue siendo la dirigente más cuestionada en el imaginario general. Fue quien definió la política de seguridad en la etapa inicial y, aunque hoy esté en el Senado, su figura sigue asociada a la situación actual.
Luis Petri concentra críticas más silenciosas pero profundas dentro del mundo militar. Durante su gestión en Defensa, el atraso salarial no se corrigió y eso dejó marca.
Alejandra Monteoliva, hoy a cargo de Seguridad, todavía conserva margen, pero empieza a quedar en el centro de la escena: heredó el problema, pero también tendrá que resolverlo.
Más atrás aparece Carlos Presti, con menor nivel de cuestionamiento por ahora. Su perfil técnico y su reciente llegada lo mantienen fuera del foco, aunque esa situación es frágil.
La clave es simple: si no hay una recomposición salarial clara, el escenario puede escalar. Más salidas, más protestas, más presión interna.
Estos valores representan el haber mensual básico. Sin embargo, el haber de bolsillo de cada efectivo suele ser mayor debido a la aplicación de diversos suplementos que integran el salario conformado.
Tribuna de Periodistas
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