OPINIÓN
La denominación de crisis educativa proviene de los ´80 y proponía reformar las escuelas para incorporarlas a la democracia
Por
Andrés Collado

A finales del siglo XX Jaim Etcheverri sostenía que presenciábamos una tragedia educativa: escuelas y títulos sin transmisión real de cultura ni conocimientos. El presente se caracteriza por una catástrofe educativa. Años de trabajar la inclusión con bajos recursos produjo el colapso de la alfabetización y la desconexión total con la realidad.
Todos lo venimos viendo. Son segmentos, partes, pequeñas señales de algo que no estamos sabiendo interpretar correctamente. Como al protagonista del film de Christopher Nolan en Memento; sabemos que estamos metidos en alguna historia, sin reconocer qué lugar ocupamos en el relato. Memoria de corto plazo, ansiedad, daño en la capacidad de narrar efectivamente lo que sucede. Un docente promedio, de cualquier nivel, tiene un collage en su cabeza; reglamentaciones que todos los años se renuevan, cursos, reclamos desde diferentes frentes, demandas, necesidades personales, y otras, todos temas que tienen una lábil conexión interviniendo de diferentes formas durante su trayectoria. Esto supera la inocente idea de adaptación a la incertidumbre, es signo de algo más complejo.
Los gestores del sistema tienen necesidad de dar respuestas inmediatas, por presión social y política; pero también porque son víctimas de la rapidez que poseen las altas tecnologías de arrojar datos de los más variados. El resultado es una fantasía, una ilusión de que podemos comprender la complejidad en la que estamos sumergidos. ¡¡¡Spoiler Alert!!!! NO. La complejidad, una de las condiciones del conocimiento, no es fácil de comprender, y en cuanto más datos se tengan, contraintuitivamente, es peor. Lleva tiempo y requiere de procesos académicos de alta calificación en diferentes áreas (hoy muchas subestimadas), y lo más inteligente sería promover la participación de los docentes en estas instancias en formas colectivas.
La narrativa (El lore) del sistema educativo
La denominación de crisis educativa es la más antigua, y sin ser especialista, podemos decir que proviene desde la promesa democrática de los ´80. Reformar las escuelas para incorporarlas a la democracia, en medio de las crisis económicas de la “década perdida”. El foco del problema estaba concentrado en la falta de presupuesto, en la desactualización de los programas y los problemas gremiales. Quienes asistían a las escuelas fueron caracterizados como estudiantes con carencias de recursos y/o pedagógicos, y el sistema deteriorado, debía "arreglar" o "reformar" lo que ya existía.
A finales del siglo XX, el libro de Jaim Etcheverri (1999) inaugura una transición terminológica endureciendo la calificación. Etcheverry sostenía que presenciábamos una tragedia educativa. La pérdida del valor del esfuerzo y del prestigio del conocimiento, son los síntomas de la catástrofe. Los estudiantes, huérfanos de autoridad adulta y ausentes de modelos intelectuales, uno de los puntos más polémicos de esta idea. El vacío estaba representado por escuelas y títulos, sí; pero sin transmisión real de cultura ni conocimientos.
La calificación en el siglo XXI aumentó el grado de su crítica. El presente se caracteriza por una catástrofe educativa. Años de trabajar la inclusión con bajos recursos produjo el colapso de la alfabetización y la desconexión total con la realidad. Los chicos y las chicas son simuladores de estudiantes, son promovidos a las instancias superiores sin adquirir habilidades básicas. En esta perspectiva, el sistema se encuentra en un estado terminal. Transformado en una red de asistencia social, ya no educa. Estos cambios no reflejan simplemente una alteridad semántica, refleja un diagnóstico de desinstitucionalización del sistema y el fracaso de la función básica de la escuela: la democratización de la cultura.
“Jaws”, mordida mortal
En las bocas de la tenaza el sistema está aprisionado por condiciones inéditas en su historia. Por un lado, la tasa de crecimiento vegetativo negativa plantea el desafío de gestionar recursos en un contexto en el que ya se encuentran en estado crítico. En el otro extremo, las condiciones del desarrollo de las altas tecnología y la conectividad jaquean la presencialidad (un punto fuerte de integración que al debilitarse moviliza fenómenos donde muchos no reparan). Deberíamos aprovechar la abundancia de datos, y la capacidad de resolución y procesamiento de las IA, para profundizar en qué entendemos por conocimiento y complejidad, dos tópicos donde las nuevas máquinas hacen agua. Para proponer soluciones primero es necesario entender la complejidad.
En los últimos meses nos enteramos que algunos estados comienzan a rever cómo enfrentar estos nuevos tiempos. Suecia y otros países europeos volvieron a creer en los libros de papel. En una nota en la página “Educación debate” relevan el tema: "Los entornos sin pantallas ofrecen mejores condiciones para que los niños se concentren y aprendan a leer y escribir", aseguran desde el Ministerio de Educación sueco. Australia implementó en diciembre de 2025 la prohibición de redes sociales (TikTok, Instagram, Facebook, etc.) para menores de 16 años, convirtiéndose en pionero mundial para proteger la salud mental juvenil y reducir el ciberacoso. Las plataformas enfrentan multas de hasta 50 millones de dólares si no cumplen, logrando la eliminación de millones de cuentas. La intención de estas políticas no es encarar una batalla contra las altas tecnologías sino la de disminuir la exposición de los y las chicas a las mismas. Subrayamos, políticas para disminuir la exposición a las pantallas individuales.
Mientras tanto en nuestro pago… leemos los anuncios sobre las futuras y actuales reformas al sistema educativo superior en Mendoza: reducción de las trayectorias en las carreras. Disminución de contenidos con el fin de “agilizar” las promociones. Un recurso vinculado a la idea de carencia económica, desplazando los conocimientos. Sucede que el índice (datos) más valorado sobre calidad académica es la promoción. Falta comprensión de la complejidad del fenómeno, y necesidad de superar la minúscula observación de algunos indicadores. El mundo cambió y no se puede conducir lo que no se comprende.
LOS ANDES
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